domingo, 18 de septiembre de 2016

El anarquismo peruano (1)

“Soy indio: mi pluma es flecha, mi numen arco.
Soy hijo de esclavos del trabajo
y de la miseria y del agio formidable tajo
Es mi orgullo ser indio y ser anarco”.
Delfín Lévano (1920)[1]

De las varias corrientes críticas al capitalismo que surgieron en la Europa del siglo XIX, la más satanizada fue el anarquismo, por su crítica radical y por proponer algo que parece utópico: la reorganización de una sociedad eliminando todas las formas de dominación, explotación y marginación.
Mientras liberalismo, marxismo y demás, buscan implementar sus ideas desde algún espacio de poder real, “desde arriba”. El anarquismo propone esos cambios “desde abajo” y aunque no es el único que lo plantea, sí es quien lo tiene como bandera irrenunciable. El silenciamiento sobre la historia de las luchas anarquistas y sus principios fue obra tanto de la derecha como de la izquierda.
El anarquismo tiene muchas formas de entenderlo y se amolda a cada contexto, por eso se puede hablar de un anarquismo propio en cada país donde llegó a desarrollarse y en cada época.

La utopía anarquista[2]

“No hay más que uno en cien y sin embargo existen
La mayoría hijos de nada o hijos de muy poco
Que no se los ve jamás sino cuando se les teme:
Los anarquistas”
Canción de Léo Ferré (Francia 1969)

Anarquía significa “sin dominio”, el término fue utilizado por primera vez por el francés Proudhon en 1849, como una forma de diferenciarse de todas las corrientes políticas jerárquicas. El anarquismo fue desarrollado por varios autores, proponiendo un socialismo libertario, que rechazaba todo verticalismo y autoritarismo, teniendo como principios la ayuda mutua, la autogestión, la autonomía, la horizontalidad, la acción directa y el federativismo.
Los anarquistas llamaron “socialismo autoritario” al marxismo, pues mientras este propone la organización de un partido centralizado y la toma del poder para implementar reformas que lleven al comunismo, el anarquismo cuestiona al mismo Estado, proponiendo asociaciones libres y federadas entre sí. El debate que iniciaron Marx y Bakunin se prolongó hasta nuestros días, aunque las experiencias del “socialismo real” del siglo XX le dieron la razón al segundo.
Existen muchas corrientes: anarcosindicalistas, autonomistas, insurreccionalistas, pacifistas, primitivistas, individualistas, etc. A veces se contraponen y a veces se combinan, además, estas ideas han sido asumidas de diferentes maneras en cada lugar del planeta. El anarquismo adquirió presencia durante la existencia de la Asociación Internacional del Trabajo o “primera internacional”, se difundió en muchos sindicatos y protagonizó la lucha por las 8 horas en Chicago en 1886, que dieron origen a la celebración del 1 de mayo.
Los anarquistas tuvieron destacada participación en las revoluciones de México (1910), Rusia (1917) y España (1936), en las que fueron derrotados por la traición más que por la represión. Los diferentes fascismos los reprimieron en Italia, Japón, Corea o Argentina. El anarquismo también se retroalimentó con movimientos como el indigenismo, el feminismo, el “mayo francés”, la ecología social y los movimientos antiglobales. A pesar de que a mediados del siglo XX ya había sido desplazado por el marxismo en los movimientos sociales, persistieron individuos y pequeñas organizaciones que intentaron introducir sus ideales en la sociedad de su entorno. A fines del siglo, con el comunismo disminuido por sus propias contradicciones y la arremetida neoliberal, resurgió la presencia anarca.
Actualmente los procesos revolucionarios anticapitalistas tienen un sello anarquista: zapatismo, confederalismo democrático kurdo, autogestión griega, fábricas bajo control obrero. En todos los casos, estos movimientos responden a particularidades locales y por eso el anarquismo se amolda y transforma de una región a otra, como veremos en el caso peruano.

La anarquía llega a los andes

“Aunque el punto luminoso fuese alejándose a medida que avanzáramos y aunque el establecimiento de una sociedad anárquica se redujera al sueño de un filántropo, nos quedaría la gran satisfacción de haber soñado. ¡Ojalá los hombres tuvieran siempre sueños tan hermosos!
Manuel Gonzales Prada (1907)

El anarquismo llegó a Perú junto a las corrientes modernas que venían de Europa a fines del siglo XIX, encontramos al abogado y periodista Luis Felipe Montestruque involucrado en la rebelión indígena del Callejón de Huaylas en 1885[3], fue un ideólogo del movimiento en el que murió luchando, y se sabe que tenía ideas anarquistas[4]. Quizás sea el primer anarquista de trabajo individual del que tenemos registro.
Esos años se habían organizado las primeras asociaciones de artesanos, agrupados para defender sus intereses realizaron fuertes huelgas. En su búsqueda de aliados, los artesanos se aproximaron a los liberales radicales y los masones, que difundían ideas racionalistas desde “logias” casi secretas. Es en ese contexto que aparecen los “profetas” libertarios. Ángel Gasco fue un moqueguano que viajó a Europa, donde se unió al ideal anarquista, vuelto al país radicó en Cusco, donde en 1892 editó el periódico El Cuzco. Su prédica fue casi solitaria durante esos años.
El principal divulgador del anarquismo aparecerá en 1898, Manuel Gonzales Prada era un famoso escritor de 54 años de edad, que en 1892 había fundado el partido Unión Radical y tras un viaje a Europa, encontró en el anarquismo la ideología que coincidía con su búsqueda, vuelto al país, renunció a su partido y se dedicó a predicar los ideales libertarios (en periódicos como Los Parias), influyendo en los estudiantes pero también entre los artesanos. Su ex correligionario y amigo Christian Dam había fundado la Liga de Librepensadores, como extensión de su logia masónica, la influencia de su amigo llevó a Dam a sumarse al anarquismo.[5]
Los ideales libertarios también eran difundidos por migrantes europeos que llegaron al continente por motivos laborales, este fenómeno fue menor en los países andinos, pero sí estuvo presente. Se tiene documentado el periplo del italiano Inocencio Lombardozzi, que tras fundar centros ácratas en lugares de Argentina y Chile, llegó a Lima en 1905, allí fundo el grupo Por la idea junto a Carlos del Barzo. Luego, con el afroperuano Julio Reynaga (natural del Callao), fundan un centro de estudios sociales en Trujillo. Lombardozzi funda o apoya bibliotecas y grupos en Pomalca, Guaddalupe, Chiclayo y Catacaos, llegando a Guayaquil. Allí enferma y decide ir a Bolivia, pero la enfermedad lo ataca en el camino, falleciendo en un hospital de Puno en 1908. Se sabe que pudo haber otros ácratas peregrinos de los que no ha quedado un registro tan preciso.
Pero no nos engañemos, así como la prédica de Gonzales Prada había reforzado una tendencia radical en intelectuales y trabajadores, la prédica activa de Lombardozzi sólo contribuyó a fortalecer iniciativas locales que ya venían circulando. En Chiclayo se editaba el periódico El Libertario desde 1901 y en Trujillo La Antorcha desde 1903, dirigida por Julio Reynaga (que estuvo dirigida por Lombardozzi cuando Reynaaga estuvo preso por la represión). Para 1905 había además libertarios en Sullana, Arequipa, Moquegua, Puno y Cusco.[6]

“Horas de lucha”

"Empuñamos en una mano el estandarte de la libertad que tremolará siempre orgulloso en la contienda, y llevamos en la otra la espada de la justicia, que mantendremos desnuda para cortar el nudo de la opresión y la tiranía".
La voz del obrero N° 1 (Puno 1914)

Miguelina Acosta
En el mitin del 1 de mayo de 1905, Gonzales Prada llamó a no descansar en la lucha hasta lograr la jornada de 8 horas. Ese año, la Federación de Panaderos “Estrella del Perú” se declaró anarquista, iniciando la difusión del anarcosindicalismo. El líder de esta organización era Manuel Caracciolo Lévano, cercano a Gonzales Prada y Dam. En 1911 Lévano y su hijo Delfín empezaron a editar el periódico La Protesta, portavoz del movimiento anarcosindicalista, el año siguiente varios sindicatos se agruparon en la Federación Obrera Regional Peruana (FORP)
Los sindicatos realizaron varias huelgas por mejoras laborales, tanto en Lima como en Huacho, Chicama y Talara. En 1914 los obreros del Callao logran que se les reconozca la jornada de 8 horas. En 1917, una huelga en Huacho fue duramente reprimida con el saldo de 7 obreros asesinados por la represión, entre ellos dos mujeres. La lucha creció y en 1918, los anarcosindicalistas lograron que el Estado reconozca la jornada de 8 horas. Al año siguiente fueron las famosas luchas del Comité Pro Abaratamiento de las Subsistencias[7]. En esas luchas destacaron los nombres del zapatero Carlos Barba, el ebanista Nicolás Gutarra y el tejedor Adalberto Fonken[8]. En Chiclayo, el ebanista Manuel Uchofen difundía el anarquismo desde el periódico La Abeja (1910-14) y en Puno el tipógrafo Eduardo Fournier lo hacía desde La voz del obrero (1912-1930).
También los jóvenes universitarios realizaron huelgas estudiantiles, en 1907 en Arequipa y en 1909 en Cusco, con participación activa de anarquistas. En el sur, los ideales ácratas se habían difundido entre estudiantes y obreros. Tras la muerte de Gonzales Prada (1918) los estudiantes reunidos en un congreso en Cusco, acordaron fundar la Universidad Popular Gonzales Prada (UPGP), para educar en un sentido liberador al pueblo. La idea fue del trujillano Víctor Raúl Haya d la Torre, que fue su primer rector. La UPGP se activó en Barranco, El Callao, Arequipa, Salaverry, Trujillo, Cusco, Ica, chosica y Jauja. En 1923, Haya y Gutarra formaron un frente de trabajadores manuales e intelectuales y s elanzaron a la protesta, siendo reprimidos (con dos muertos) y Haya deportado.
En todas estas jornadas, la presencia femenina adquirió un matiz propio. Las ideas feministas ya se difundían y surgían organizaciones por los derechos de las mujeres, entonces surgió el feminismo anarquista. Angélica Arratía realizaba sentidas conferencias. Miguelina Aurora Acosta Cárdenas, natural de Yurimaguas, participó de organizaciones feministas y presidió el Comité femenino Pro abaratamiento de las Subsistencias, junto a la indigenista Dora Mayer dirigió la revista anarcofeminista Claridad (1917-1919)[9]. En Huacho, Luzmila La Rosa y Juanita Grados La Rosa fundaron el centro femenino Luz y Libertad en 1918.

El rostro indio de la anarquía

“En estos momentos de prueba para las masas obreras e indígenas de todas partes del mundo cabe a nuestra Federación luchar por la justicia y organizar por doquier entidades que sean de baluarte infranqueable a todas las injusticias que sufrimos”.
Federación Indígena Obrera Regional Peruana (1923)[10]

Pero siendo el país mayormente habitado por indígenas, el anarquismo se ligó al indigenismo y los movimientos comunales. Influyó en personajes como el bandolero justiciero Luis Pardo en Ancash (murió en 1909) o el sargento Teodomiro Gutiérrez, convertido en líder de una rebelión indígena en Azángaro (Puno) con el nombre de “Rumimaki” en 1915.
En Lima, el jurista Joaquín Capelo, la escritora Dora Mayer y el estudiante Pedro Zulen fundaron la Asociación Pro Indígena (API 1909-1917) mientras en Cusco, Luis E. Valcárcel, Uriel García y otros difundían un indigenismo cultural y social (Valcárcel reconoció haber tenido influencia libertaria). Mientras la visión oficial del Estado y las élites intelectuales era educar y civilizar a los indios para que salgan de su pobreza, amestizándose; La Protesta propuso que los indígenas no tenían que ser civilizados por occidente, pues ellos estaban más cerca del comunismo y el anarquismo por su propia tradición. 
El gobierno de Leguía apoyó la organización del Comité Pro Derecho Indígena Tahuantinsuyo (CPDIT), en el que se enrolaron varios integrantes de la API y líderes indígenas. Entre estos había anarquistas como los puneños Hipólito Salazar y Ezequiel Urviola. El primero se apartó del CPDIT y en 1923 organizó la Federación Indígena Obrera Regional Peruana (FIORP), una agrupación más acorde a la realidad nacional, que apoyó abiertamente las rebeliones campesinas que sacudían el país. Por esa postura, Salazar fue deportado. Ezequiel Urviola era un joven abogado que en 1918 abandonó su carrera y se fue a vivir con los indígenas, apoyándolos en su organización y la redacción de memoriales, en su lucha contra los hacendados. Tuvo destacada participación en los congresos indígenas y falleció con tuberculosis en 1924, su entierro fue masivo y se sintió fuertemente en el movimiento indígena y entre los anarquistas[11].
En Jauja, el impresor Máximo Pecho publicaba textos anarquistas e indigenistas. En Cusco, se formó el Centro Gonzales Prada, en el que participaron los indigenistas Luis Velazco Aragón, Humberto Pacheco y Encino del Val. En Puno, junto a Fournier y el maestro José Antonio Encinas, un grupo de jóvenes escritores indigenistas inició un movimiento cultural de trascendencia, liderados por el anarquista Gamaliel Churata[12]. Para ese entonces, el anarquismo también se había expandido a Cajamarca, Huánuco, Jauja, Sayán, Barranca, Ica, etc.

(Continuará)

Roberto Ojeda Escalante



[1] Publicado con el seudónimo de Lirio del Monte en La Protesta N° 20, tomado de Wilfredo Kapsoli, Ayllus del Sol, 1984.
[2] Información tomada de: A la izqierda de la historia, Roberto Ojeda, Cusco, 2008.
[4] Fabiola Escárzaga. La sublevación de Ancash. Proyecto nacional y guerra de razas. En Política y cultura N° 12, México, Universidad de Xochimilco, 1999, pp 166-167.
[5] El movimiento obrero anarquista en el Perú (1890-1930). Joel Delhom, 2001, http://dwardmac.pitzer.edu/Anarchist_Archives/worldwidemovements/peru/Movimiento.html
[6] Franz García. El 1ro de mayo y los anarquistas en el Perú. En Los orígenes libertarios del Primero de Mayo: de Chicago a américa Latina (1886-1930). José Antonio Gutiérrez (compilador), Quiimandú, Santiago de Chile, 2010.
[7] Sobre estas luchas ver Anarquismo y anarcosindicalismo en el Perú. Lima, Anarcrítica, 2014.
[8] El movimiento obrero anarquista del Perú (1890-1930).  Joël Delhom (ponencia). University of Birmingham, 6-8 avril 2001.
[9] Miguelina A. Acosta Cárdenas: Una semblanza. Elizabeth Caviedes Torres, Lima, UNMSM.
[10] Ayllus del sol, pp 167.
[11] Ver “Ayllus del Sol” de Wilfredo Kapsoli, Lima 1984.
[12] Su nombre real era Arturo Peralta, encabezó un vigoroso movimiento cultural en Puno desde 1915, en los años 30 se asentó en La Paz, donde vivió varias décadas. 

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