lunes, 17 de julio de 2017

Miseria del academicismo

Conversando sobre algunas investigaciones históricas, volví a escuchar un comentario que ya he oído varias veces y en distintas circunstancias: “¿y dónde están esas investigaciones que nadie las conoce?”. Y sí pues, gran parte de libros, tesis y revistas especializadas, sólo son distribuidos y leídos en ámbitos especializados.
En la segunda mitad del siglo XX, el capitalismo logró desvincular a los intelectuales de los sectores sociales sobre los que recaía su reflexión intelectual. Tal como lo previera Huxley en “Un mundo feliz”, el mundo académico se ha convertido en esa isla que imaginara el escritor, en la que todos sus habitantes tenían la libertad de opinar y hacer lo que quisieran, siempre y cuando eso no alterase el mundo externo.
El academicismo hace que se produzcan investigaciones, debates y publicaciones; que circulan sólo por el circuito académico. Unos a otros se citan, aplauden o refutan. Tan preocupados por la rigurosidad, tan abstraídos en sus metodologías y sistematizaciones, ignoran que en la sociedad otros son los que influyen en la opinión pública, sin mucha metodología y con casi nula rigurosidad.
Los profesionales se especializan cada vez más en cada vez menos cosas, llegan a ser tan expertos en un tema que ignoran grandemente los otros temas. ¿Cuántas veces no hemos oído a alguien decir “de eso no puedo hablar porque no es mi tema”? La realidad exige análisis integrales y multidisciplinarios, pero la academia inculca especialización. Y para especializarse más se tiene que estudiar maestrías y doctorados, elaborar tesis ampulosas para demostrar que uno sabe investigar, aunque el producto resultante sea de lectura tan pesada que no lo lean más que los dictaminantes.
Luego viene ese afán de ser originales, de formular hipótesis innovadoras que por eso mismo, siempre tienen algo de especulación. Cada cierto tiempo una nueva teoría desplaza a teorías anteriores. Se repite que el conocimiento es infinito, que “es muy difícil llegar a comprender lo complejo de este tema”. Esto en realidad no es cierto. Hay cosas que ya se saben hace siglos pero la ciencia moderna no toma en cuenta estos saberes porque no siguieron el método científico.
El resultado es que, por ejemplo, mientras los académicos debaten sobre la historia, cualquier especulador está difundiendo teorías de anunakis o similares sin ninguna evidencia como base, pero que se difunde gracias a que la mayoría del público ignora los avances de la historiografía. Los grupos de poder difunden fácilmente sus ideas, puesto que las mentes lúcidas y críticas están arrinconadas en esa “isla académica”.
Por otra parte, las exigencias académicas hacen que esas mentes terminen encadenándose a sus laboratorios y escritorios, reduciendo su posibilidad de vincularse con su entorno social, haciendo que sus mentes sigan siendo lúcidas pero cada vez más ignorantes de otros aspectos de la realidad. Hay personas que le dedican prácticamente toda su vida a un tema de investigación, pensando que su esfuerzo contribuirá a llenar un ladrillo del muro del conocimiento universal. Pero esto es una ilusión, pues ese muro es utilizado arbitrariamente por los poderosos de turno, no es universal sino unidireccional, alguien lo administra según sus necesidades. Mientras tanto, el conocimiento que miles de pueblos han producido durante miles de años se vuelve objeto de estudio, folklor o se deshecha de los espacios de transmisión del conocimiento, es decir de la escuela y los medios de comunicación.
Liberar el conocimiento es lo único que podría rescatarnos de esa isla y ese muro. Olvidarnos de títulos, eventos internacionales y ser citados. Un aporte que no contribuye socialmente no tiene sentido. Por algo muchos de los intelectuales más admirados de la historia fueron autodidactas, pues lo importante no está en sus méritos académicos, sino en la utilidad de sus propuestas. En muchos casos influye tanto o más la sencillez de su lenguaje. Claro que esto no traerá la vida cómoda que brinda el éxito académico, Gramsci pasó preso casi hasta su muerte porque sus escritos se enfrentaban al poder, ese es el riesgo que corre un intelectual, pero la vida está hecha de riesgos.

Además, hay que reintegrarnos a la diversidad cultural que produce conocimiento de múltiples formas, en la que hallaremos muchos especuladores, pero también muchas más mentes lúcidas y críticas, algunas más lúcidas que nosotros. Nuestro conocimiento puede ayudar a fortalecer los distintos saberes existentes, ya que nosotros conocemos la forma en que se desarrolla el “mercado del conocimiento” y podemos burlarlo. Por ejemplo, las comunidades andinas tienen saberes que pueden enfrentar el cambio climático, los intelectuales urbanos conocen la forma en que se reproduce el sistema que ha generado ese cambio. Ambos pueden complementarse, el éxito esperado no será una medalla o un diploma, sino la salvación de múltiples formas de vida.

Roberto Ojeda Escalante

lunes, 1 de mayo de 2017

El rol de Mariátegui en la derrota del proletariado

Es una paradoja que el 1 de mayo homenajeen a Mariátegui, siendo que este tuvo un rol negativo en la derrota del proletariado en los años 20. Es necesario reconocer en José Carlos Mariátegui grandes aciertos, pero como era humano también tuvo errores, y curiosamente son precisamente sus errores los que fundamentan los grandes mitos de la izquierda peruana. Una izquierda que escogió su origen en la fundación de la CGTP, borrando todo la historia de luchas anteriores y escogiendo como héroe fundamental a Mariátegui, aunque luego siguieron muy poco sus postulados.

El movimiento proletario que la izquierda peruana olvida

A fines del siglo XIX había decaído la vieja organización gremial, que agrupaba a los trabajadores por oficios[1], y estos, empezaron a organizar nuevas asociaciones[2]. La ideología predominante había sido el liberalismo, que postulaba los derechos de todos los ciudadanos, pero a raíz del triunfo de la rebelión liberal en 1895, se instauró un régimen oligárquico que benefició a los grandes terratenientes y empresarios. El Perú vivió uno de sus más largos periodos democráticos, con sucesiones presidenciales en elecciones libres y masivas (en las que no votaban las mujeres ni los indígenas). Los obreros y artesanos no encontraron apoyo en esos gobiernos y el liberalismo dejó de ser visto como aliado, entonces se acercaron a las ideas anarquistas que algunos venían difundiendo.
El prestigio y el verbo potente de Manuel Gonzales Prada entusiasmaron a jóvenes trabajadores y estudiantes para asumir el anarcosindicalismo como base ideológica de sus organizaciones. En 1905 la Federación de Panaderos se declaró anarquista y el 1 de mayo convocaron a luchar por la jornada de 8 horas. La situación era clara: la democracia liberal favorecía a industriales y propietarios, sin dejar opciones al proletariado, que sólo tenía el camino de organizarse y luchar por sus derechos. Las asociaciones y federaciones que se iban fundando por todo el país, también editaron su propia prensa y organizaron centros sociales y culturales, así como organizaciones de mujeres que difundían el feminismo.
Esos años, se usaba el término proletario para referirse tanto al trabajador asalariado dependiente de un patrón, como al trabajador independiente como los artesanos, que además eran la mayoría de la PEA urbana. Las protestas rurales y el trabajo de indigenistas como la Asociación Pro Indígena, llevaron a los anarcosindicalistas a vincularse al mundo indígena, que era la mayoría de la población peruana. En 1913 las federaciones y sindicatos se agruparon en la Federación Obrera Regional Peruana (FORP), ese año el gobierno de Guillermo Billingursht reconoció los derechos a sindicalizarse y a la huelga, pero fue derrocado por un golpe militar al año siguiente. El camino legal volvía a esfumarse.

Leguía, Mariátegui, Haya y el anarcosindicalismo 

En 1917, la noticia de la revolución rusa impactó en todo el mundo, se abría la posibilidad de que el pueblo llegara a tomar el gobierno y cambiar las estructuras de la nación. Cada quien asumió esto a su modo, la FORP dirigió la lucha hasta obtener la jornada de las 8 horas en 1919. A pesar de las advertencias de Prada para no confiar en los socialistas, los dirigentes obreros no tuvieron temor en coincidir con estos en sus luchas, los marxistas eran tan pocos que los anarcos no los veían como competencia. Y fueron amigos y “discípulos” de Prada los que iniciaron la labor de difusión del marxismo en Lima: Mariátegui, Falcón, Haya.
De los tres, Víctor Raúl Haya de la Torre era el menos cercano a Prada pero se amparó en la imagen del “maestro” para acrecentar su liderazgo, logrando una unión entre proletarios y universitarios. José Carlos Mariátegui, César Falcón y otros organizaron el primer núcleo socialista en 1918, organizado como una vanguardia para influir a las organizaciones populares y construir un partido marxista que “politizara” al proletariado peruano. En 1919, el nuevo presidente Augusto B. Leguía ofreció reformas y respaldó la creación de organizaciones, en un intento por cooptar los movimientos sociales. Captó a varios activistas y a otros les ofreció distintas cosas, como un viaje a Europa para Mariátegui y Falcón, ofrecimiento que aceptaron más por presión que por decisión propia.
La “patria nueva” de Leguía ofrecía reconocer ciudadanía a los sectores populares, pero la estructura económica se afianzaba en su dependencia al capitalismo internacional, pasando de la hegemonía británica a la norteamericana. Sus proyectos modernizadores como construcción de carreteras, se hicieron a costa del trabajo forzado de los indígenas, generando más rebeliones. La FORP continuó su actividad centrada en la autonomía con respecto al estado, los líderes indígenas anarquistas abandonaron las instituciones creadas por el Estado y formaron una federación indígena, pero el clientelismo estatal los había debilitado.
En 1921, Haya creó la Universidad Popular Gonzales Prada (UPGP) donde los universitarios adoctrinaban en el socialismo a los obreros. Cuando Haya fue deportado por Leguía la conducción de la UPGP quedó en manos de Mariátegui, que acababa de volver de Europa. Este se sumó a la prensa de la FOL (ex FORP), en la que introdujo planteamientos marxistas iniciando una larga rivalidad con Delfín Lévano, panadero e importante dirigente anarquista. Lo que vino después fue un crecimiento de la represión estatal a las organizaciones populares, debilitadas a su vez por la pugna interna creada por los marxistas. La UPGP fue cerrada, la policía interrumpió el congreso de la FOL y apresó a muchos dirigentes (1927). Mariátegui aprovechó esta coyuntura para organizar la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP) en 1929.
Mariátegui supo atraer a muchos intelectuales a su revista Amauta (1926-1930), con un discurso plural que le permitió agrupar a la intelectualidad peruana, acrecentando su leyenda. Bajo la consigna “somos demasiado pocos para dividirnos”, predicó un marxismo que recogía las peculiaridades de la sociedad peruana, atrayendo a los indigenistas, y mantuvo autonomía  frente a Rusia, atrayendo a los anarquistas. Mientras tanto, Haya convocó a sectores liberales y nacionalistas, fundando en el destierro (en México) el partido APRA (1927). Mariátegui fundó el Partido Socialista (1928) y tuvo dificultades para integrar a los núcleos marxistas de Cusco y Arequipa, que se inspiraban en el comunismo ruso (leninismo) y criticaban incluso la pluralidad de Mariátegui.[3] Las “células” comunistas se consideraron la vanguardia que iluminaría al proletariado y liberaría también al campesinado, siguiendo la doctrina marxista-leninista.

El proletariado después de Mariátegui

Mariátegui murió en 1930, su partido fue renombrado Partido Comunista y asumió dogmáticamente los dictados del PC ruso, descartando la idea de su antecesor, esa de que “el socialismo peruano no puede ser calco ni copia”. El PC borró la historia previa de la memoria de las luchas sociales, tomándola como simple antecedente,  y priorizó la lucha de clases, subalterniando al feminismo y al indigenismo. El anarquismo quedó en grupos reducidos, el discurso nacionalista del Apra tuvo más presencia en los sindicatos y lideró rebeliones, fundando la Central de Trabajadores del Perú en 1944, pero en los años 50 el Apra viró a la derecha, provocando deserción en sus filas y el fortalecimiento del PC y su CGTP.
Al proletariado le costó caro asumir el marxismo, pues perdió la autonomía de sus organizaciones y los sindicatos quedaron centralizados y manejados por el Apra y el PC. Estos partidos ayudaron a aceptar la idea de la modernización del país, pues para llegar al socialismo había que desarrollar primero el capitalismo. El país se industrializaba y los artesanos se reducían en número, convirtiendo a los obreros de  Construcción Civil como el gremio más fuerte. A diferencia de los artesanos que se familiarizaban más con tendencias autonomistas, los obreros se sentían más cómodos en una organización centralizada y vertical, su modo de vida también influyó en su adhesión ideológica.
En los años 60 el PC llevó a la práctica una idea de Mariátegui, aunque en sentido inverso, contrariamente a eso de “somos demasiado pocos para dividirnos”, como ya se vieron siendo muchos, se dividieron en varias facciones.  El marxismo en sus múltiples versiones se convirtió en la única forma de pensamiento crítico en el país, lo que no resultaba siendo muy crítico. A pesar de eso, las grandes luchas de esos años no fueron lideradas por el PC sino por grupos marxistas divergentes como el troskismo (rebelión campesina de La Convención), y fue un militar (Velasco Alvarado) quien protagonizó el único gobierno izquierdista del siglo XX (1969-1975).
En 1980 el partido maoísta Sendero Luminoso intentó implementar su revolución a la fuerza, reprimiendo campesinos, sindicatos, y a cualquiera que lo criticase, hasta la captura de su líder en 1992. El gobierno de Fujimori aprovechó la caída del marximo mundial y el desgaste de la izquierda local para instaurar un régimen corrupto, neoliberal, autoritario y clientelista, que se mantiene con matices en todos los gobiernos democráticos posteriores.
Hoy, el proletariado ha sido desplazado por el precariado[4] como mayoría; los indígenas han protagonizado nuevas rebeliones y las nuevas vanguardias juveniles tienen poco de marxistas, poco de políticas y más de culturales. Hoy, Mariátegui es un ídolo de la izquierda nostálgica, que se niega a reflexionar sobre su historia, sus orígenes, aciertos, errores y fracasos; pretendiendo reconstruir la hegemonía que tuvo en algún momento.

Roberto Ojeda Escalante




[1] Los gremios eran instituciones coloniales, para los trabajadores de oficios manuales, considerados “deshonrosos” al menos hasta 1783.
[2] Algunos ejemplos son la Asociación de Artesanos fundada por Trinidad Enríquez en Cusco (1872) y la Federación de Panaderos “Estrella del Perú” organizada por Manuel Lévano en Lima (1886)
[3] El grupo Ande de Cusco organizó la primera célula comunista a la que no invitó a marxistas vinculados a indigenistas y anarquistas.
[4] Concepto que describe a los trabajadores precarios, que no tienen estabilidad laboral y cuyas economías se adaptan a lo que encuentran, sea el comercio, los servicios independientes (sean técnicos o profesionales) y la sobrevivencia.  

miércoles, 19 de abril de 2017

Latinoamérica es una creación colonial



Hemos crecido pensando que somos parte de una gran nación dividida en muchas repúblicas por la mezquindad de sus dirigentes. “La patria grande” que los izquierdistas intentaron construir, el mundo “latino” que los derechistas nos hacen aceptar; parten de un pensamiento pannacionalista similar al “mundo árabe” o la “gran Rusia". Si esta última apela a reunificar todos los países que fueron parte de la URSS (y  de los dominios del Zar), y el mundo árabe es directo descendiente de los sucesivos califatos; En el caso latinoamericano, ¿cuál es el origen simbólico de la idea de esta “patria grande”?, pues el imperio colonial español.
En la segunda mitad del siglo XVI, la corona española había logrado construir el más extenso imperio de su época, constituido por sus dominios coloniales. Si bien estaban divididos en virreinatos y capitanías, el sentido identitario era uno sólo, la madre patria era España y españoles eran todos sus súbditos. Todos hablaban castellano y debían tener el catolicismo como única religión. Claro que había el problema de las muchas etnias indígenas del territorio, a quienes los españoles veían como bárbaros a los que había que civilizar, así como los romanos vieron a su vez a sus conquistados.
El siglo XVII el imperio se consolida anexando Portugal y todos sus dominios, aunque esta “unión” no sobrevivió al siglo, quedó la unidad cultural de ambas “naciones” como defensores del catolicismo ante el crecimiento protestante europeo. Si en Europa se veían como defensores, en América lo hacían como difusores de esa fe amenazada por la “herejía”. Pero esa no fue la única diferencia, los peninsulares tenían un estatus diferenciado al de los territorios coloniales, había españoles y españoles americanos. Y así, poco a poco fueron gestándose corrientes que esperaban regular o reinvertir esa situación. La expulsión de los jesuitas también fue motivada por el temor del Rey al poder que esa orden religiosa había adquirido en América.
La independencia de Latinoamérica fue facilitada por el debilitamiento del poder español en Europa, así como el crecimiento de Inglaterra, que en el siglo XIX contaría con el mayor imperio colonial. La Constitución de Cádiz intentó borrar las diferencias península-ultramar, pero ya era tarde, los españoles americanos se sumaron a la rebelión y se declararon independientes de España. El imperio quedó fragmentado, pero no se perdió la idea de reunificación. El propio Bolívar intentó construir una gran nación, dando origen a esa idea de la “patria grande”. Las élites criollas se encargaron de controlar las rebeliones indígenas y negras, pues aunque estas les habían ayudado a derrotar al ejército español, no iban a tolerar que la revolución política se convirtiera en revolución social.
Entonces surgió la denominación de “América Latina” y su diferenciación con “Angloamérica”. Si revisamos los mapas, queda claro que América Latina se corresponde con el imperio colonial del siglo XVII. No incluye las Guyanas pero sí todo el caribe y Belice (país de habla inglesa). La característica cultural que une a todos estos países es la tradición católica, el idioma mayoritario es el castellano y las poblaciones se consideran “mestizos”, como decía Bolívar, “no somos españoles, no somos indios”. Esa idea del mestizaje pretende borrar las diferencias étnicas y culturales, silenciando la discriminación y marginación a las poblaciones “no latinas”, prolongando la dominación sobre las poblaciones originarias y minorías étnicas.
Esa idea de una gran nación (la madre patria) es un nacionalismo en términos macros, pero subalternos. El ciudadano latino piensa en el mundo en dos términos: Europa y Norteamérica frente a Latinoamérica. Sus referentes son sólo esos, lo nuestro es lo latino y lo ajeno lo del norte, ignorando que existen otros “mundos” en el planeta. Lo que un latino sabe de los árabes, africanos, hindús, surasiáticos, chinos, es a través de Europa y Norteamérica. Por eso los despistados conservadores locales apelan a la “hispanidad” oponiéndola al indigenismo, su mirada no alcanza a ver más allá de sus parámetros subalternos.
Esa idea de la gran nación es la principal reminiscencia de la mentalidad colonial, no podemos descolonizarnos si pretendemos hacerlo desde patrones coloniales. Como bien decía Gonzales Prada hace cien años, pensemos en el mundo como pueblos y no como naciones, pensemos que nuestra única patria grande es el planeta todo, y tengamos por identidad colectiva la de nuestra localidad y región como base, reconociendo que cada cultura, cada comunidad, es igual de valiosa como la nuestra.

Roberto Ojeda Escalante

jueves, 22 de diciembre de 2016

ESA, LA DEMOCRACIA LIBERAL

“Prende la tele y mira que buen rating tiene esta nueva
comedia… bombardeando con publicidad , se convierte
el problema en oportunidad… manipulando, creando
ilusiones y borrando conciencias (…) Y así se mueve la
bolsa y la banca, y el precio por acción aumenta. La
democracia de un pueblo se mide, según el nivel de
sus ventas…”
Tema “La perfección”
Banda Punk Los Suziox de Colombia

Un viejo profesor decía, la democracia se reduce al dicho popular “la mayoría manda” y punto. Lo que difícilmente avisa el dicho es: ¿qué se entiende o pretende denominar con “mayoría”?. Los gobiernos sucedáneos en Perú y en más de los países de la región, de ninguna forma fueron elegidos por mayorías (si mayoría sindica masas de votantes movilizados por embusteras prebendas).

El Marx del Liberalismo, Schumpeter, considera a la democracia como “un método político de elección de representantes; en un marco de sociedades con poca dirigencia, [y] grandes masas”. Manifestaba que, el hombre común (la masa), ocupado en sus cuestiones cotidianas, no posee capacidades políticas y por ello mismo será más fácil captarlos por los grupos interesados en el poder, a través de una eficiente propaganda y así configurar la voluntad popular. El mismo ideólogo sugiere, que la política es un mercado más de oferta y demanda de productos particulares, dándole “una fuerte importancia a la propaganda para vender el producto que los políticos-empresarios ofertan a sus clientes-ciudadanos a través de las plataformas políticas de sus partidos-empresas”. “Política como mercado, partidos como empresas, de competencia oligopólica por la concentración de poder y un público manipulado por una información altamente especializada y dirigida” [1].

No debiera sorprendernos las referencias anotadas arriba, un constructo en la realidad imperante que legitima la posición de los que tienen autoridad, el poder; reafirmada bajo el influjo y la necesidad del capital, además que para su propia reproducción. Si se quiere reconocer a la Democracia como tipo de gobierno (la Ciencia Política así lo concibe), se está diciendo que es una forma de organizar y ejercer poder, por lo mismo un método para “elegir” las dirigencias, las élites para ordenar y mandar (la misma acción política pretende siempre esto); no necesariamente buscar el bien de todos, del conjunto, la sociedad, del bien común.

El juego de la “democracia” en países como el nuestro y bajo el influjo del liberalismo global, donde la economía somete a los espacios de la política, la sociedad, la cultura y a la misma naturaleza; responde a los intereses de los poderes fácticos que controlan los hilos de la economía nacional y en consonancia a los intereses del mercado de recursos y productos mundial. Las disputas políticas, al interior de nuestro país, son también signos de los reacomodos del mercado de recursos-materia prima, industria-productos y comercio. Se comprueba este hecho en la financiación, de parte de estos sujetos económico-sociales, la “gran empresa”, hacia los partidos que participan en las contiendas electorales[2]. El peso sobre nuestra realidad social, depende de cuan lacayos son estas elites políticas de signo diverso.

En la actual coyuntura del país[3] -que también fueron recurrentes a los gobiernos pasados-; hoy se ha ido generando, en inmediaciones de la acción política del espacio estatal, contiendas post-electorales de reacomodos derecho-izquierdistas. Pugnas parlamentarias, de entredichos político-mediáticos; sucediéndose un sinnúmero de confrontaciones entre mayorías y minorías,  entre alas neo-liberales, entre derechas e izquierdas liberales de la llamada democracia representativa, al interior del parlamento y fuera de él.

Las respuestas también coyunturales a tales “disputas”, todas cabalgan y se sustentan en afianzar procesos desarrollistas como aquel del “desarrollo sostenible”[4], defendidas en términos económicos por el “crecimiento” y políticamente acondicionada a la idea de “gobernabilidad”[5]. Ambas, crecimiento y gobernabilidad son patas de articulación del mismo cuerpo liberal, para “mejor” administración de las recurrentes crisis del capitalismo al interior de los países; por otro lado, querer adecentar la ineficacia del estado y por ende de la democracia de las componendas. Todo para igual.

Más, las repentinas confrontaciones en las “alturas”, para ver los problemas en el sector educación –por ejemplo entre mayoría y minorías parlamentarias, entre ejecutivo y legislativo, que decían evaluar los “avances” educativos salpicados de corrupción-; no son más que signos de reacomodo y pugna de las fuerzas reales de control del poder, los tutores factuales de manejo de la economía y política del País. El negocio de las universidades en disputa, tanto en orientación, los contenidos para la “competencia” y las pingües ganancias a generar por su control. Luego, es aquel mismo poder que gesta, para una necesaria “paz social”, un discreto “entendimiento de las partes en democracia”. Los llamados realizados por los empresarios en la última CADE 2016 de Paracas, no solo era un signo, sino un mandato a ambos extremos de su misma corpulencia. Que lo implemente el cura mayor de la iglesia, no importa, mejor así. Un periodista “bien informado” decía en una radio de alcance nacional: “lo que cualquier democracia hace es… pactar!” (Radio Exitosa, emisión del 9/12/2016). Es el discurso precisamente liberal, que dice que para la afirmación del modelo es “saludable” mostrar las discrepancias a escala “mayoría–minoría”.

Preguntamos: ¿Qué diferencias puede haber, entre mayorías y minorías, en el actual parlamento peruano? Aquí un ejemplo para-patético: qué distancias sustanciales encontramos entre Fujimorismo delincuente (hoy en el control del parlamento) y “pepekausismo” lobista y doblez (gobierno de turno)??… ¡¡Ninguno!!; sólo inclinaciones hacia diferente gran empresario o multinacional. Y allí, la izquierda liberal ¿a que juegan?; pues sí, balancean hacia la defensa de la “institucionalidad democrática” (léase gobernabilidad), en auxilio de las “reformas” (como la ¿educativa?, ¿universitaria?, ¿del Estado?). Todos, unos y otros, se disputan el renombre de demócratas por supuesto. Aquellos, legitiman la posición de los que tienen autoridad, que en el fondo mantiene las relaciones de poder, el control de los recursos para la reventa, afianzadas en el libreto político liberal. Así, la democracia se resume en eso, la “mayoría” manda. Claro que sí, la suma hace mayoría. El suelo está parejo.

Antaño -luego de la putrefacción fujimorista de los 90-, en defensa y para “recuperar la democracia”, negociaron unos y otros el reacomodo de las cuotas de poder. La perversidad fujimorista ganó e impuso su constitución; los otros, partidos, gremios y sindicatos -aliados o con “cautos” apoyos- ganaban elecciones. El gran empresariado, los burgueses, sin mayor disimulo ganaban la constitución de sus sueños y financian a candidatos elegibles/elegidos…, ganan presidentes. La ética liberal del fujimorismo, suerte de moral “exitosa” embadurnada de corrupción, muerte y populismo, había hecho carne, se inyectaba en cada conducta de la gestión estatal y la empresa; y, acorrala a la sociedad en general. El Estado excreta(ba) su función histórica sin mayor reparo: malea(ba) la sociedad. Hoy se hace obras y se es exitoso robando; el éxito es de una notoriedad gerencial digno del sátrapa; los pueblos consiguen “desarrollo” a punta de prebendas y coimas. La autoridad es sinónimo de éxito y corrupción –a la vez-. La gran empresa acorrala al Estado para ganar y ganar, y tumbar todo aquello que obstruya la democrática economía del crecimiento: aunque sea menospreciar o liquidar al administrador de turno, de su sistema educativo –por ejemplo-. Por supuesto eso es lo menos notable; se ha recuperado la democracia, eso interesa. Estamos ante suelo fértil para el surgimiento de algún fascismo.

“(¡Qué náuseas sentiríamos si conociéramos el número de crímenes y bajezas que simbolizan la banda de un presidente, la mitra de un obispo, la medalla de un magistrado y las charreteras de un general!) (¡Cuántas genuflexiones y curvaturas!) (Cuántos empeños y chismes! (Cuántos perjurios y cohechos! (Cuántas prostituciones de las madres, de las hermanas, de las esposas y de las hijas!) A mayor encumbramiento, mayor ignominia, pues hubo que arrastrarse más para subir más alto.”[6]

 “Preguntaba un viejo yanqui a un inmigrante
recién desembarcado en Nueva York:
-¿Es usted republicano?
-No; yo no soy republicano.
-¿Es usted demócrata?
-No; yo no soy demócrata.
-¿Entonces...?
-Soy de la oposición; siempre contra el Gobierno”.[7]

Sabemos, los gobiernos son sólo administradores del Estado. Viva la Democracia.

Orestes Bellota



[1] Referencias para este acápite: Fernández E., C. M. (2003) Democracia: Definiciones, épocas y sistemas: De los antiguos a los modernos, de los liberales a los revolucionarios. Disponible en: http://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/tesis/te.616/te.616.pdf.
[2] Ejemplo dramático el caso del Apra de Alan García y el soporte financiero del Grupo Romero, dueño del Banco de Crédito del Perú. Así, las bolsas para financiar candidatos provienen de sociedades y grupos de poder económico hacia candidatos de una u otra marca, y de forma encubierta en más de los casos.
[3] Temas de coyuntura y en sumo estructurales, entre otros, son: las políticas extractivistas y degradante de nuestros recursos naturales o la privatización de recursos como el agua, la reivindicación ambiental y económica de las poblaciones afectadas por la minería y otros, las exigencia salariales de profesores y empleados públicos; pasando por necesidades de seguridad y resguardo social, la corrupción hecha disciplina; hasta la propia problemática de educación y la reivindicación de derechos sexuales e identidad de genero (aparte se puede agregar la disolución del Congreso, como artilugio legal en disputa).
[4] El llamado desarrollo sostenible, es tema aun a desentrañar. Suerte de timo y ardid del propio capitalismo que viene siendo alertada por muchos estudiosos.
[5] Véase los Planes de Gobierno de las derechas e izquierdas, Partidos involucrados en el último proceso electoral 2016.
[6] González Prada, Manuel. “La anarquía”, sobre La Autoridad. Fundación para la Investigación y la Cultura. Bogotá, D. C., 2010. Pg. 31. www.cronicon.net/fica/index.html. Colección Memoria de nuestra América. www.bicentenariodelasamericas.org.
[7] Ídem. Pg. 30-31.

martes, 6 de diciembre de 2016

Nunca quise ser madre

Ser madre en estos tiempos es difícil  y aún más si apuestas por criar a tus hijos en un ambiente de igualdad, lejos de los estereotipos y roles preconcebidos por un sistema machista y patriarcal, es una revolución y lucha cotidiana constante. Mi admiración para todas aquellas mujeres que apuestan por hacer niños libres, sin odios, ni miedos.

Pero yo no decidí ser madre, soy mujer heterosexual con pareja estable y ahora a mis 37 años lo puedo decir con más firmeza. Es más me divierte la reacción de las personas cuando les digo que no tengo hijos, ni pienso tenerlos. Algunos muestran cara de pena, otros creen que yo o mi pareja por un problema físico no podemos concebir, o en el colmo del machismo dicen que seguro mi pareja se opone y otros me dicen que no es tarde, aún puedo tener bebes. Y cuando les digo que es una decisión de dos, la gran mayoría no lo entiende y se van con la mirada perdida.

Hace algunos años, el hecho de no querer tener hijos, era una presión constante que venía de familiares, amigos, conocidos, extraños y hasta de compañeros activistas que me recordaban constantemente que me iba a arrepentir más adelante, que me perdería de la mejor etapa de ser mujer, que era egoísta, que me quedaría sola, que quién me atendería de viejita, que el bebe nos saldría bonito... incluso alguien me dijo que lo decepcioné y hasta me ofrecieron cuidarlo para que yo pueda seguir desarrollando mis actividades. Fue tanta la presión que llegué a pensar que podía estar errada, y si bien con mi pareja teníamos claro que no queríamos hijos, empecé a dudar, por lo que nos pusimos un plazo de unos años más para definirlo nuevamente.

Pero a pesar de la presión, tuve la suerte de tener también personas a mi lado que respetaron mi decisión, fueron pocas pero estuvieron allí. Sin embargo hay muchas mujeres que son formadas desde niñas en la escuela, en la casa, en la calle y en todo ámbito como futuras madres y se asume como algo natural e intrínseco a una mujer, no existe otra opción. Yo también lo pensé así cuando niña, adolescente y adulta, me sentía extraña de decir que no tenía la sensación de muchas otras mujeres contemporáneas a mí, que me decían que ya sentían la necesidad de tener un bebe.


Hace unos meses mientras me cortaba el cabello me puse a conversar con la chica que me atendía, ella me preguntó mi edad y al saber que tenía 37 años, me preguntó si tenía hijos. Al explicarle porque no quería tener hijos, ella me empezó a contar su historia. La de una joven de provincia que vino a Cusco por mejorar, ella casi llegando a los 30 con un enamorado que no estaba segura si quería vivir más delante con él y con un pequeño negocio que recién había emprendido y que aún no le daba una estabilidad económica; sin embargo estaba con una presión muy fuerte por todos los que la conocían para que se embarace, porque se le iba a pasar el tiempo; y ella realmente estaba pensando embarazarse de alguien que no estaba segura si lo quería, sin un sustento económico sólido y sin estarle claro si quiere tener hijos. Todo porque se educó desde niña en la escuela y en todos los ámbitos por los que pasó para tener hijos. Espero que el hecho de habernos encontrado y conversado, haya ayudado para que no decidan por ella y que conozca que hay mujeres que decidieron no tener hijos y sí son felices.

Qué distinto sería si las niñas crecieran sabiendo que no tienen roles ni identidades predefinidas que las hacen mujer, que pueden crecer libres y descubrir en sus procesos de crecimiento lo que realmente desean ser y hacer en sus vidas.  Qué distinto sería si los niños al igual que las niñas, crecieran no viendo siempre a las niñas como futuras madres sino como seres humanos con los que construirán conjuntamente un lugar mejor para todos. Y no puedo dejar de preguntarme ¿Cuántas mujeres han sido madres por presión social?

Por nuestro derecho a decidir, Sí a la igualdad de género en las escuelas y todos los ámbitos de nuestra vida. 

Claudia Palomino Valdivia

domingo, 23 de octubre de 2016

Anarquismo en el Perú actual


“Es ensuciándose en el lodo de la vida que se hacen las transformaciones revolucionarias”.
Luis Velazco Aragón (1929)[1]

El año 2008, los dirigentes de la FDTC de Cusco acusaron a los líderes del levantamiento de Canchis de ser “anarquistas”[2], el año 2013 en Cajamarca se acusó a los manifestantes más radicales de ser “anarquistas”, un dirigente del MAS declaró además que estaban vinculados al Movadef (el nuevo nombre de Sendero)[3]. La misma vinculación afirmó el jefe de la Región Policial de Arequipa el 2015, acusándolos de propiciar la campaña de linchamientos de ladrones que en realidad era promovida por el fujimorismo[4]. Estas declaraciones expresan la intención de criminalizar al anarquismo, vinculándolo con los rezagos de Sendero, aunque ambos sectores son completamente opuestos (Sendero es extremadamente autoritario).
Sucede que, como en otros países, las voces libertarias están multiplicándose y la represión pretende vincularlos a propuestas violentas y el recuerdo del “terrorismo”. Los grupos de poder buscan a quién echarle la culpa de los conflictos sociales. En una actitud racista y clasista piensan que los pobladores son ingenuos que se dejan manipular por agitadores, acusan a la izquierda, a los “comunistas”, los “chavistas”; y son algunos grupos de izquierda los que mencionan a los libertarios, como diciendo “no somos nosotros, sino ellos”. La vinculación con el Movadef también la manifestaron simpatizantes del FA en la pasada campaña, porque este grupo llamaba a votar viciado (aunque por razones distintas a los libertarios). Esta situación plantea varios retos para el anarquismo peruano.
Quizá un rasgo de la época sea esa necesidad de renovar la política, que ha generado reformismos diversos, en los que la izquierda se entrelaza con el ambientalismo y el indigenismo; pero también se presenta en el cuestionamiento a la modernidad misma, a sus derechas y a sus izquierdas. Entre los colectivos surgidos en el cambio de siglo, se combinaban ideales libertarios, marxistas y reformistas. Con el transcurrir de los años vemos que muchos de esos activistas en realidad usaron lo libertario sólo como decoración de su discurso, para diferenciarse de la vieja izquierda, pero terminaron apostando por la vía partidaria y electorera.

El nombre ausente

“Los anarquistas nunca triunfaremos en los niveles ordinarios de la vida política, pero nuestra presencia es indispensable para recordar que nuestra esencia es la libertad”.
Alberto Benavides[5]

Parece que la anarquía se da más desde la práctica que desde la idea, el activismo ha terminado ganándonos en todos estos años. Quizás un debate ideológico en un medio con una tradición tan señorial, patriarcal y jerarquista no nos ayude tanto como el compartir acciones, demostrar principios en la práctica, en las calles, rescatando a la vez esos valores ancestrales indígenas que coinciden con el anarquismo, pero por ser más antiguos se merecen más respeto.
Ha existido una dificultad de asumir definiciones. El temor a ser mal entendidos nos ha impulsado a no definirnos públicamente, antes que anarquistas nos llamamos libertarios, y las más de las veces permitimos que nos confundan con los izquierdistas. Llamarte socialista o izquierdista estaba estigmatizado a inicios de este siglo, ahora ya no tanto pero sigue remitiendo al siglo XX. Muchos izquierdistas del pasado terminaron de funcionarios gubernamentales o no gubernamentales (ongs), incluso algunos acabaron en partidos neoliberales. Y los libertarios somos vistos como parte de esa izquierda; la falta de definiciones ha jugado en nuestra contra.
Y es que las definiciones también generaron los divisionismos y aislacionismos de muchos grupos en el pasado. Los nombres, las ideologías, han contribuido en los debilitamientos de los anticapitalistas antes que a su fortalecimiento. Entonces no se trata de definirnos, de ponernos rótulos, pero sí de dejar en claro el rumbo de nuestras luchas, porque una cosa es querer llegar al poder (para hacer cambios) y otra querer construir alternativas a ese poder; una cosa es luchar contra la dominación de clase y otra hacerlo contra toda forma de dominación.
El término libertario ya no define nada hoy en día, desde que partidos como Tierra y Libertad o Perú Libertario, están usando este término para mostrarse como políticos “renovados”. Aunque tengamos nuestras críticas a eso de las denominaciones, hay que reconocer que la palabra anarquía mantiene la potencia destructora-constructora que nos impulsa. Por su significado (sin dominio, sin amos) se convierte en el término más adecuado para explicar lo que somos, lo que buscamos.

“En el lodo de la vida”

“Para cambiar el estado de las cosas importa abandonar el hábito de la autoridad y la vieja idea de la linealidad de la historia, para construir creativas y diversas líneas de fuga que establezcan espacios liberados en la vida cotidiana, redes de intercambio económico, cultural y de servicios que no sean secuestradas por las garras del capitalismo y el Estado”.
Desobediencia N° 7 (Lima, 2003)[6]

En ese panorama, el reto es cuestionar la ilusión electoral, pero proponiendo opciones autónomas y autogestionarias. Algo de eso se vio con la rebelión juvenil del pulpinazo, contribuye también la desilusión del gobierno humalista y los vaivenes de la izquierda electoral. Hemos visto a viejos dirigentes arrimándose a cualquier partido derechista; hemos visto cómo Ollanta traicionó su palabra, evidenciando que nada garantiza que los candidatos cumplan sus promesas; y cuando un dirigente popular resulta electo, y cumple las promesas electorales, como en el Valle del Tambo, el gobierno lo puede retirar del cargo con cualquier argumentación. Es decir que por más que logremos poner a uno de los nuestros en un cargo, lo pueden convencer o lo pueden retirar. El sistema está hecho como para que nunca ganemos.
Citar el reciente fraude electoral debiera bastar en este punto. Pero casi nadie denunció el fraudulento proceso, porque con fraude y todo permitió que la izquierda tenga una buena bancada luego de casi 30 años. Claro que en un par de meses volvió a dividirse.
Las experiencias autogestionarias son muy pocas en el país, lo que sí existe es una forma de organización y economía ancestral, que se considera vigente pero limitada al espacio rural-comunal. Esto es falso; el colectivismo, la reciprocidad y la economía redistributiva comunal son perfectamente aplicables en espacios urbanos, sólo que el sistema nos dice que es imposible. Nuestro desafío es integrar nuestros ideales con lo que parecen ser solo recuerdos, pero están ahí, como los anarquistas: “no se les ve sino cuando se les teme”[7].
Casi todos coinciden en que lo básico para cambiar nuestra sociedad es la educación. Y sí, necesitamos reeducarnos para enfrentar los valores injustos y alienados con los que nos vienen bombardeando; pero muchos lo dejan en algo declarativo, como si la educación siempre fuera competencia de profes, colegios y del ministerio. Aquí el reto es propiciar espacios de educación, información y aprendizaje colectivos, horizontales, anárquicos. Este es un campo importante de lucha, que se engrana con lo que ahora se denomina educación comunitaria, la capacidad de educar que tienen todos los sectores de la sociedad.

La rebelión femenina

“Las mujeres somos la mitad de la población … y no somos ni una minoría, ni un tema a tratar, ni un sector, ni un problema; las mujeres somos la mitad de todo”.
Julieta Paredes (La Paz, 2008)[8]

Una característica de estos tiempos es el potente despertar del feminismo. Si bien desde fines del siglo XIX hubo feministas célebres como Trinidad Enríquez, Clorinda Matto y Mercedes Cabello, y ya antes de los años 20 se organizaron las primeras organizaciones feministas (nombres como el de Miguelina Acosta no deben ser olvidados); todos sus esfuerzos fueron lentamente opacados por el clasismo marxista. El feminismo fue visto como algo exótico o complementario, incluso algunos lo tildaban de “pequeño burgués”.
En gran medida, el feminismo quedó reducido al trabajo de algunas ongs y la participación de mujeres rebeldes dentro de las organizaciones. La presencia libertaria de los últimos años ha ayudado a desplegar el ideal feminista. En la masiva movilización nacional “Ni una menos”, expresando el rechazo a la violencia contra las mujeres y el feminicidio crecientes en nuestra sociedad, se oyó también el cuestionamiento a la raíz de esa violencia: el machismo y el patriarcado, que generan múltiples formas de violencia contra las mujeres.
Como en los grandes movimientos mundiales de estos tiempos, el feminismo es clave. Aunque en estos espacios participan partidistas, reformistas, desarrollistas y demás; la forma horizontal y diversificada de organizarse es un buen síntoma. Al ser un espacio con participación mayormente femenina, se ven reducidas viejas taras como debates excesivos y teoréticos, propios de una cultura patriarcal.
Aquí será importante tomar en cuenta la propuesta del Feminismo Comunitario desarrollada en Bolivia, que cuestiona al patriarcado pero también al colonialismo de Occidente.

Los “rojos”, compañeros y rivales

“Los libertarios deben recordar que el Socialismo, en cualquiera de sus múltiples formas, es opresor y reglamentario, diferenciándose mucho de la Anarquía”.
Manuel González Prada[9]

Con la caída de los gobiernos comunistas, muchos piensan que el marxismo ya fue derrotado. Se equivocan. La historia nos enseña que las ideologías no se derrotan políticamente, que un fracaso puede impulsarlas a renovarse y lanzarse con fuerza años después, como sucedió con el cristianismo después de las persecuciones. Por eso, considero que el trabajo de Agustín Candía[10] debe continuar de alguna forma, debemos denunciar lo que el marxismo busca en el fondo: remplazar este sistema de dominación por otro sistema de dominación.
Esto implica una actitud que no caiga en el rechazo pero tampoco en el consentimiento. Recoger sus aportes teóricos y prácticos, reivindicar sus luchas en nuestros pueblos, pero rechazar su visión mesiánica y sus justificaciones de lo jerárquico. Algunos grupos marxistas son compañeros en la lucha, pero los dogmas de su ideología pueden hacerlos repetir la historia, e instrumentalizar el movimiento popular como ya pasó en el siglo pasado. Su jerarquización de las luchas y priorización de la lucha de clases, los lleva a despreciar el feminismo, el indigenismo o el ecologismo.
Es interesante entender por qué el marxismo vuelve a tener acogida en sectores juveniles (principalmente universitarios), lo que se explica por un sistema educativo autoritario, que nos forma para ser subalternos de alguien. Entonces la necesidad de que alguien nos libere, es fácilmente llenada por una ideología autoritaria, sea una religión o el marxismo, que tiene mucho de religioso en este aspecto[11]. Es complicado decirle a la gente que piense y actúe autónomamente cuando culturalmente están programados para lo contrario, entonces no se trata de palabras sino de hechos, mostrar la posibilidad de la autonomía en experiencias prácticas, por más chiquitas que sean.

Gestión y autogestión: hanan y urin

“Es necesario ser agentes de cambio, pero no desde los recalcitrantes sectores que han ayudado al aniquilamiento de los movimientos sociales en el país, es necesario organizarnos desde abajo, usando como principios la horizontalidad y el apoyo mutuo”.
Lucía Prada (2016)[12]

El gran debate de estos tiempos es cómo cambiar la situación del país, entendiendo que ese cambio es tan grande y abarca tanto territorio, que parece imposible sin participar en espacios de gestión del Estado. Bueno, los zapatistas nos muestran cómo se puede construir otro tipo de relaciones de poder, otra sociedad, paralela a la sociedad dominante. El tema de la autogestión es importantísimo, pero a veces lo confundimos con autofinanciamiento. Entendamos que autogestionar es mucho más que conseguir fondos para nuestras actividades, se trata de lograr manejar acciones, organizaciones y territorios, desde adentro y sin depender de nadie para su funcionamiento.
Esto no implica negarse a diversos niveles de colaboración con otros espacios, pero sí controlarlos nosotros. Que las decisiones sean por acuerdo interno, aplicando los principios de horizontalidad, autonomía, federativismo. El reto es llevar la autogestión más allá de núcleos pequeños y acciones esporádicas, hacerla visible en los diversos niveles de organización con los que interactuemos.
No basta criticar a los partidos, porque el verticalismo y el desarrollismo están insertados en todo tipo de organizaciones. Los sindicatos refuerzan ese verticalismo, convirtiéndose en dependientes de las cúpulas de las federaciones sindicales. Tenemos el desafío de reorientar las organizaciones en un sentido horizontal, comenzando por las nuestras propias y por las más cercanas. Las revoluciones comienzan en las bases, no en las dirigencias.
Aquí me viene a la cabeza un pensamiento andino hoy en desuso, la dualidad hanan y urin. Estas divisiones eran comunes en el mundo prehispánico, hanan (lo de arriba) era lo actual, lo político, lo visible; urin (lo de abajo) era lo antiguo, lo social, lo privado. Podríamos tomar esta idea para evitar ser aplastados por la “unidad”, y a la vez evitar el conflicto y la contradicción con grupos partidistas. Que la lucha sea paralela, los que apuestan por el poder que lo hagan, serán los “hanan”, los de la lucha política; los que apostamos por la autonomía seríamos los “urin”, los de la lucha cotidiana.
Esta idea puede ayudarnos a marchar juntos cuando sea necesario, pero hacerlo separados en otros momentos, y también a evitar que lo político termine imponiéndose a lo social, como ha sucedido tantas veces. Recordemos que en el pasado, en algún momento lo urin y lo hanan podían trastocar su importancia.

Roberto Ojeda Escalante



[1] “Ideario Andino”, en Kuntur N° 2, enero de 1929.
[2] Las mismas acusaciones lanzaron dirigentes de la FDCC (filial de la CCP) a la FARTAC (gremio campesino de origen velasquista) en setiembre de 2016, en Cusco.
[3] La República, 12 de setiembre de 2013, declaraciones de Segundo Matta Coluncha, dirigente del Movimiento al Socialismo (MAS), partido liderado por Gregorio Santos.
[4] Declaraciones en diario El Pueblo de Arequipa, 31 de agosto de 2015.
[5] Citado en La lira rebelde libertaria…
[6] Editorial del periódico Desobediencia, N° 7, Lima, diciembre 2003.
[7] Frase de la canción “Los anarquistas” del francés Leo Ferré (1969).
[8] Hilando fino desde el feminismo comunitario. Edición virtual. La Paz.
[9] Anarquía. Lima, Anarcrítica y Colmena editores, 2016, pp 79.
[10] Ver “un Quijote ácrata”, en el artículo Libertarios en el corazón de los andes.
[11] Existen varios autores que han analizado el aspecto religioso del marxismo.
[12] Anarquistas frente a las elecciones del 2016 en el Perú. Renso Forero (compilador), Lima, anarcrítica, edición virtual, pp 46-47.