domingo, 28 de abril de 2019

Los weratakas. Breve historia del sindicalismo cusqueño

Roberto Ojeda Escalante

Manifestación en Cusco en 1931, foto de Martín Chambi
Hoy en día entendemos sindicalización como la organización de los trabajadores de una respectiva actividad económica. Aunque esta palabra no fue usada siempre en un sentido tan amplio y su utilización es tardía en el proceso que relataremos, aún así la utilizo porque es la que mejor describe lo que vamos a relatar: el desarrollo de la organización moderna de los trabajadores, que fue simultánea a la presencia del capitalismo.
En el caso de la ciudad del Cusco, este proceso tiene dos particularidades interesantes. Primeramente, no tuvo el desarrollo industrial de otras urbes, por lo que sus bases sindicales no responden al “obrero” propiamente dicho. La otra particularidad es que en varios momentos, la lucha sindical en Cusco se da antes que en Lima y otras ciudades, especialmente en las organizaciones estudiantiles.
Testimonios orales mencionan la utilización del término “werataqa” desde inicios del siglo XX, aunque es registrado escrito bastante avanzada dicha centuria. Inicialmente era una palabra despectiva para los sectores populares medios, que usaban vestimenta occidental pero a diferencia de las clases acomodadas, no lavaban sus sacos frecuentemente. Werataqa hace alusión a la grasa (wira) acumulada en sus cuellos y solapas. A medida que artesanos y obreros se iban sindicalizando, el término fue direccionándose hacia ellos y en la segunda mitad del siglo se identificó con los comunistas. Con la diversificación de la vestimenta moderna, la palabra quedó como recuerdo.

La Sociedad de Artesanos

Se denominaba artesanos a todos los trabajadores que realizaban algún oficio “menor”, de los no profesionalizados que detentaban las élites, pero que tampoco eran explotados directamente por un patrón. El artesano tenía un taller en el que elaboraba algún producto a petición de sus clientes, podía tener algunos trabajadores a su cargo, que a la vez eran aprendices suyos y a la larga podían abrir su propio taller, o seguir trabajando para un patrón artesano. Este fue el sector en el que nació el sindicalismo en el país.
La Sociedad de Artesanos Republicanos fue fundada el 4 de octubre de 1870 en la casa del carpintero Francisco González, calle Hatunrumiyoc, donde actualmente es el palacio arzobispal. Sus fundadores fueron –aparte de González-  los artesanos Francisco García, Tomás Varela, Máximo Pérez, Miguel Farfán, Gabino Mercado, José González, Valentín Lezama y Marcelino Lovatón. Pero quien impulsó la fundación de esta organización fue la profesora y periodista Trinidad Enríquez Ladrón de Guevara, una mujer singular de esos años, de una acaudalada familia pero ligada a las ideas modernas en pro de los trabajadores (Gutiérrez 2005: 31).
El modelo que los inspiró fue el mutualismo surgido en Europa, los artesanos se organizaron para apoyarse mutuamente y mejorar sus condiciones. En 1878, Francisco González participó en las elecciones y llegó a ser elegido diputado, el primer diputado de origen popular que pisaba el parlamento peruano. En 1879 la Sociedad de Artesanos se enroló en el batallón Zepita (el que dirigía Cáceres) para combatir en la guerra que se había iniciado con Chile. Francisco García murió en la contienda. Los años siguientes el prestigio de la asociación fue creciendo hasta convertirla en una institución importante en el medio local.

Las organizaciones estudiantiles

En 1899 se creó la Unión Universitaria, entidad que se proponía impulsar mejoras científicas y sociales en la universidad, siguiendo el modelo de organizaciones estudiantiles europeas. Sus fundadores fueron el joven docente Alejandro Pacheco Concha y el estudiante Ángel Vega Enríquez. En 1901 esta organización, bajo la presidencia del docente Martín F. Serrano, impulsó la organización de la Liga de Estudiantes, constituida por los colegios de la localidad y bajo una organización federativa, se instaló el 23 de junio de 1901 bajo la presidencia de Manuel Jesús Gamarra y vicepresidencia de Víctor J. Guevara (ambos profesores de colegios) (Villanueva 1992: 152-154). El primer impulso organizativo moderno se dio en al ámbito estudiantil antes que en el laboral, y se dio en Cusco varios años antes que en Lima. 
La Unión Universitaria se denominó Asociación Universitaria en 1907 y en mayo de 1909, protagonizó la primera huelga registrada en la historia del Cusco. Fue una huelga pidiendo la reforma y reorganización universitaria, que dio sus frutos un año después, el hecho impactó fuertemente en la sociedad local.
Por esos años empiezan a difundirse ideologías modernas entre las que resalta el anarquismo, el principal difusor de esta era el comerciante Ángel Arnaldo Gasco, desde su licorería ubicada donde hoy es la Casa Garcilaso, y desde el periódico anticlerical El Cuzco (1895-1909). Existían algunos simpatizantes del anarquismo como el docente Cosme Pacheco y el estudiante Miguel Ángel Urbina, que emitió el disparo de revólver que inició la huelga de 1909. El anarcosindicalismo proponía luchar contra los patrones y el gobierno para arrancarles mejoras sociales.

Nuevos sectores, nuevas organizaciones

En 1911 se fundó la Sociedad Mutua de Empleados y Comerciantes, entidad que agrupaba a trabajadores de las instituciones y a los comerciantes, y que fue impulsada por los padres franciscanos. Empleados y comerciantes venían creciendo desde inicios del siglo y se esperaba un crecimiento mayor de estos sectores con la introducción de elementos modernos como el ferrocarril y las obras de mejoramiento de la ciudad.
El 14 de marzo 1915 un grupo de profesores encabezados por Humberto Luna Pacheco, fundaron la Asociación Regional de Normalistas, “con el objeto de fortalecer la solidaridad entre los trabajadores de la enseñanza en el Sur de la República”. Entre sus fundadores, aparte de Luna, mencionamos a Concepción Rivero y Roberto F. Garmendia, de amplia actividad política posterior (Aparicio 2000). La mayoría de los fundadores eran mujeres. Es necesario anotar que el profesorado aún era una profesión no universitaria (la facultad de pedagogía aparece dos décadas después).
En las elecciones municipales de 1916, llega a ser concejal el relojero Eduardo Arenas como representante de los obreros. La lista que lo postuló era una alianza de liberales que incluyó al anarquista Ángel Gasco, y como candidatos suplentes llevó a dos artesanos y un obrero (Valcárcel 1981: 196).

Disputas por la conducción del proletariado cusqueño

Las fábricas y casas comerciales hacían crecer los sectores de trabajadores dependientes, ya fueran empleados u obreros. Las corrientes ideológicas apuntarían a tener presencia en estos sectores, el 14 de abril de 1917 se fundó la Sociedad de Obreros Católicos del Cusco (Esquivel), para encauzarlos por un camino no confrontacional.
El 14 de enero de 1918 una protesta popular invade la casa comercial de Antonio Calvo, este y sus trabajadores disparan a la turba generando algunos muertos (Calvo 2002). Calvo sería apresado y pasaría un tiempo en prisión. Al año siguiente, luego de la larga lucha que en Lima logró arrancar al gobierno la jornada de 8 horas, en Cusco se producen varias huelgas: en la fábrica Huáscar (8 de octubre), en los operarios del ferrocarril (9 de octubre) y en las casas comerciales (17 de octubre).
Del 11 al 20 de marzo de 1920, la Asociación Universitaria acoge al primer congreso de la Federación de Estudiantes del Perú, uno de sus acuerdos fue la creación de las universidades populares Gonzales Prada, para concientizar a los trabajadores. Mientras tanto, el 16 agosto de ese año, la Sociedad de Artesanos y el Círculo de Obreros Católicos participan en los agasajos al embajador de Estados Unidos, que estaba visitando el Cusco.
Esos años aparecen la Asociación de Constructores (dirigida por Juan Ramos), el Club Deportivo Obrero  (Antonio Carrasco) y el Sindicato de Choferes (Julio C. Pastor), primera en usar la palabra sindicato. También se organizaron los sastres, zapateros (José L. Castro) y panaderos (Martín Pareja). Dos corrientes se disputarán la conducción del proletariado local: El catolicismo organizó la Sociedad Fraternal de Carpinteros (Ignacio Peralta) y llegó a controlar la Sociedad de Artesanos. Los artesanos anarquistas Manuel Cuadros y Martín Pareja impulsaron una federación de los sindicatos locales que se habría afiliado a la FORP de Lima. Y también apareció el marxismo, con la Asociación de Tipógrafos (Roberto Latorre) que se declaraba “a la manera sovietista”.

Los ecos de Gonzales Prada

La prédica gonzalespradista de Luis Velasco Aragón, Encino del Val (Erasmo Delgado) y León Caropa (Leonidas Caparó) difundió el anarcosindicalismo y fortaleció el indigenismo urbano. En 1922 se organizó la Federación Indígena y Obrera del Perú (FIORP) en Lima, desde la que los anarcosindicalistas se sumaron a la lucha indígena que desde 1918 venía realizando rebeliones en  las provincias surandinas, pero su existencia fue breve y cayó ante la represión gubernamental.
El 1 de mayo de 1922 se desarrolló un homenaje a los trabajadores en el local de la Sociedad de Artesanos, los jóvenes activistas buscaron vincularse a esta, en la que empezó a funcionar la Universidad Popular (UPGP) el 10 de mayo de 1924. La entidad fue impulsada mayormente por gonzalespradistas como Luis Villa, Rafael Tupayachi, Velasco Aragón y Roberto Latorre, este edita la revista Kosko que se convierte en vocero de la UPGP. Pero la iglesia presiona a los artesanos, logrando que les nieguen el local el mismo mes. Finalmente el gobierno llegó a clausurar la universidad popular en el mes de agosto.
La represión gubernamental ataca a los sindicatos, pero continúan apareciendo nuevos, en 1925 se formó la Sociedad Obrera de Socorros Mutuos Huáscar y el Sindicato Textil La Estrella (sus propios nombres indican la tendencia mutualista del primero y la combativa del segundo), en 1926 el gremio de chocolateros y la Asociación de Comerciantes Minoristas (Lynch 1978). Desde la revista Kosko, Latorre empieza a difundir el marxismo, que proponía la organización de los trabajadores en un partido obrero.
El campo aún libraba varias batallas, como la huelga de 1927 en Lauramarca. Los trabajadores de esa hacienda se negaron a trabajar para su patrona hasta por lo menos 1932, cuando la represión militar acabó con esta rebeldía.

La Federación Obrera Departamental del Cusco

En febrero de 1927 un grupo de universitarios organiza la “célula apra”, sumándose al llamado de Haya de la Torre para constituir un frente popular y difundir el socialismo. Impulsan la organización obrera,  participan en la huelga universitaria de mayo y organizan una manifestación contra la ejecución de los anarquistas Sacco y Vanzetti en Estados Unidos. Luego rompieron con el Apra y se terminan afiliando a la Internacional Comunista, en mayo de 1929 (Lynch 1978).
El 20 de marzo de 1930 se funda la Federación Obrera Departamental de Cusco, creada por César Adolfo Calderón Romero, Simón Herrera Farfán, Agustín Rivero, Rosa Augusta Rivero y José Calvo Bohórquez (Avendaño 1995). Una combinación de intelectuales y obreros que incluía ideas anarquistas y comunistas. La FODC se afilia a la CGTP de Lima e impulsa la organización del sindicato de artes gráficas y decorativas de Cusco (Manuel Isidoro Leiva Aragón), los comités sindicales en las fábricas textiles de Urcos, Lucre y Maranganí.
La rebelión militar de Arequipa del 22 de agosto, inspiró una protesta popular en Cusco que doblegó a la represión e instaló una Asamblea Popular el 25 de agosto, la misma que puso la municipalidad al mando de un comité cívico que incluía a Angel Gasco, Agustín Rivero, Rafael Tupayachi, Mariano Fuentes Lira (editor de El Constructor, órgano de la FODC), entre otros. Con la caída del gobierno de Leguía, el comité cedió sus funciones al nuevo gobierno. Fue la última acción conjunta de todas las corrientes críticas, en adelante el Apra y el Partido Comunista se disputarían la dirección del movimiento popular.
En mayo de 1931 se desarrolla una huelga de todos los sindicatos textiles de Cusco, en respaldo, la FODC organiza un paro general el 20 de mayo, que culminó con un mitin que aglutinó a 3000 trabajadores. Por esta protesta fueron encarcelados los dirigentes de la FODC: Luis Villa, Agustín Rivero, Roberto Latorre y Carlos Lira.

La SOU y la FTC. El sindicalismo acosado y dividido

Ante el viraje comunista de la FODC, se apartaron del movimiento algunos dirigentes como Antonio Carrasco, pero la mayoría se mantuvo y varios terminaron afiliados al Partido Comunista. En 1930, nuevas protestas indígenas se dieron en Pucyura (Anta), Canas, Paucartambo y Lauramarca. Roberto Latorre organizó un congreso indígena clandestino en 1932, pero no llegó a realizarse por el ataque de la policía. Nuevas represiones encarcelaron a Latorre, Rosa Rivero, Rafael Tupayachi y otros dirigentes en 1932.
Por su parte, los apristas organizaron la Asociación de Artesanos de La Convención (1930) y apoyaron protestas indígenas, por lo que sus dirigentes fueron apresados. En 1940 el Apra fundó las Sociedades Obreras Unidas (sucesora de la FODC). En 1942 esta terminó controlada por el PC, que la denominó Federación de Trabajadores del Cusco (FTC) la misma que en 1943 homenajeó al embajador de Estados Unidos. Es paradójico que una organización que se reclamaba comunista homenajear al representante del mayor capitalismo. Por su parte y al ser desplazados, los apristas organizaron “sindicatos libres” bajo ideales católicos y nacionalistas. Pero si bien las dirigencias se habían partidarizado, las bases sindicales eran heterogéneas.
La Asociación Universitaria se denominó Asociación Sindical Universitaria y el 18 de julio de 1947, se convirtió en Federación Universitaria del Cusco (FUC), participando del cogobierno universitario (tercio estudiantil). Luego del golpe de Odría, en 1949 una junta reorganizadora suprimió la federación en la San Antonio. La dictadura persiguió y apresó a dirigentes de la FTC, como Simón Herrera. Este promovía la organización de sindicatos obreros y campesinos, aunque discrepaba con la dirigencia del PC tuvo que aceptar los acuerdos de la organización (FTC) controlada por dicho partido, en la prisión del Frontón (Lima) fue asesinado en 1953.

El sindicalismo partidarizado

Con el retorno a la democracia (1956), los dirigentes perseguidos pudieron retomar sus actividades, reconstituyendo la FTC y la FUC. En 1957 el Apra creó la Unión Sindical de Campesinos y Obreros (USCO). El año siguiente, en abril de 1958, la FTC organizó un paro general en el que la represión mató a un niño de 12 años. Las masas se desbordaron y tomaron prisionero al General Daniel Vargas Dávila, llevándolo al Sindicato de Choferes. El líder de la FTC era Emiliano Huamantica, quien negoció la huida del general.
El manejo político de Huamantica fortaleció a la FTC, desapareciendo la central aprista. Huamantica fue candidato a parlamentario en 1962 pero las elecciones fueron anuladas por un golpe de estado. El dirigente murió en un accidente en 1964 y se convirtió en el principal héroe de la FTC, olvidando a otros mártires como Herrera.
Mientras tanto, se desarrollaba también un fuerte sindicalismo campesino, en 1958 se organizó la Federación Provincial de Campesinos de La Convención, que bajo el grito “tierra o muerte” se lanzó a ocupar haciendas en 1961 y terminó forzando a que el gobierno militar decretara la reforma agraria en dicha provincia, aun cuando el principal dirigente del movimiento, el troskista Hugo Blanco, ya estaba preso. Este movimiento se había propuesto la transformación de la sociedad en un sentido diferente al de los partidos, y lo había logrado.
El torskismo era una corriente marxista crítica al comunismo autoritario de la Unión Soviética, influyó en la organización de la Federación Departamental de Campesinos del Cusco, pero años después, esta organización fue copada por los partidos comunistas (divididos del PC) y se abandonó la experiencia triunfante de La Convención. El abogado troskista Vladimiro Valer acompañó los reclamos campesinos, que venían desarrollando tomas de tierras en varios lugares, hasta que llega la Reforma Agraria de 1969.

El Cusco “rojo”

El gobierno progresista del General Velasco (1968) implementó un aparato estatal para controlar los sindicatos, desde el Sistema de Movilización Social (SINAMOS), creando la Fartac que rivalizó con la FDCC en el ámbito campesino. Varios gremios rechazaron ese control, dirigidos por algunos partidos. La propia FDCC estuvo orientada por el PUM, se organizó el sindicato de maestros (SUTE) bajo control de Patria Roja, el mismo partido llegó a la dirección de la FUC.
En agosto de 1971, con un fuerte movimiento estudiantil, la FUC tomó el control de la Universidad e instaló el primer gobierno tripartito (docentes, empleados y estudiantes) del país. La protesta culminó tras el incendio de Sinamos en 1973, que fue pretexto para la detención de los dirigentes universitarios y sindicales. Dos años después un nuevo golpe militar inició un viraje derechista y un periodo de mayor represión. En esos agitados años, el movimiento campesino desmanteló algunas cooperativas impuestas por el gobierno, y las convirtió en nuevas comunidades. El camino de La Convención parecía estar retornando.
El férreo control partidario de los sindicatos, tuvo también cuestionamientos de las bases contra la corrupción y abusos de sus dirigencias, las que quedan registradas en boletines alternativos como la revista Llaqta (1972-78) y el semanario La Voz del Pueblo (1974-79). Pero la dictadura obligaba a la unidad y así, se constituyó el Frente de Defensa de los Intereses del Cusco (1978), que incluía sindicatos, colegios profesionales, personalidades (el alcalde y el obispo). En ese marco, la FTC se reorganizó como Federación Departamental de Trabajadores del Cusco (FDTC). Estas participaron en las huelgas de fines de esa década, que obligaron a los militares a convocar a elecciones.

El sindicalismo en declive

La guerra interna iniciada por el grupo maoísta (una variante del marxismo) Sendero Luminoso en Ayacucho (1980), se empezó a sentir en Cusco en 1982, aunque el grupo subversivo nunca penetró con fuerza en esta región. Esa década, el FUDIC lideró grandes protestas y respaldó al alcalde izquierdista Daniel Estrada. Pero la guerra, el autoritarismo de los partidos y la corrupción de estos, debilitaron las organizaciones sindicales. Cuando Fujimori dio el golpe de 1992, no hubo resistencia fuerte ante la represión a los sindicatos, que habían perdido la solidez del pasado.
Las transformaciones económicas producidas por las migraciones y el neoliberalismo, generaron un gran sector de trabajadores precarios. Los sectores organizados se redujeron y eso debilitó más los sindicatos. La caída del régimen fujimorista (2000) fue impulsada por organizaciones juveniles y culturales más que por sindicatos y partidos.
En el nuevo siglo resurgió la FUC, pero sólo recobró fuerza cuando la dirigencia fue arrebatada al partido Patria Roja (2003). Se organizó la Asamblea Popular, similar al antiguo FUDIC, pero se extinguió rápidamente. La FDTC, Fartac, FDCC, Sute, subsisten entre escándalos por corrupciones o desacato a sus bases; mientras surgían Frentes de Defensa en varios distritos y provincias, que lideraban las protestas populares sin una dirección política definida. Las ideologías quedan como un recuerdo que sin embargo pesa mucho, impidiendo la reorganización de los trabajadores acorde a las realidades contemporáneas.


Referencias bibliográficas

(1983) Aragón, Luis Ángel. Historia del periodismo cuzqueño 1822-1983. Cusco: Idea Editores.
(2000) Aparicio Vega, Manuel Jesús. Roberto F. Garmendia, ilustre integrante de la generación de La Sierra. Revista del Instituto Americano de Arte N° 17. Cusco: IAA, pp 13-94.
(2015) Astete Vega, Santiago. Diarios cusqueños (1898-1937). Cusco.
(1995) Avendaño, Ángel. Diccionario Enciclopédico del Qosqo. Cusco: Municipalidad del Cusco.
(1999) Calvo C., Rossano. La tradición. Representación de la urbe andina cusqueña en el siglo XX. Cusco: Municipalidad de Santiago.
(2002) Calvo C., Rossano. Periodismo e historia local. El diario El Sol de Cusco (1900-1950). Cusco: INC.
(2006) Escalante Gutiérrez, María Olinda. Selección de sus obras escritas. Cusco.
(2016) Esquivel Coronado, Jéssica. La modernidad en el Cusco: La necesidad de contar con un plan director y un reglamento de construcciones durante la primera mitad del siglo XX. Crónicas urbanas 19, Cusco: CGPA, pp 113-137.
(2005) Gutiérrez Samanez, Tania Consuelo. Trinidad Enríquez. Primera universitaria y precursora social. Cusco.
(1978) Lynch, Nicolás. La polémica indigenista y los orígenes del comunismo en el Cusco. Crítica Andina N° 3. Lima.
(1954) Nieto, Luis. Poesía cuzqueña. Derrotero para una ubicación de la poesía cuzqueña contemporánea. Cusco: Sol y Piedra.
(1992) Tamayo Herrera, José. Historia General del Qosqo. Cusco: Municipalidad del Cusco.
(1981) Valcárcel, Luis E. Memorias. Lima: IEP.
(1992) Villanueva, Horacio. La Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco. Cusco: UNSAAC.

miércoles, 20 de febrero de 2019

No discrimino pero me siento superior

Fotograma de la película Roma 

Hace unos días, ante la circulación de un post racista en el que una señora se quejaba de las nanas que usaban el espacio destinado para socios de un club del que ella era parte, se empezaron a dar diversos comentarios que condenaban la discriminación hacia las trabajadoras del hogar. Esto no debería tener nada de malo hasta que me pareció entender que varios de las y los que defendían a estas trabajadoras, las veían en situación de vulnerabilidad y las asumían como personas con casi nada de cultura, ni conocimiento y muy bajo nivel educativo; situaciones que las llevaban a aceptar esos trabajos “no tan dignos”, pero luego gracias al apoyo de la buena familia que las acogía habían salido como mejores personas, emprendedoras y más educadas. Parecía una posición de ser salvadores y hasta de seres superiores, quizás por contar con una mejor situación  económica, tener estudios superiores, ser de un contexto más occidental; pero sobre todo se asumía que la otra persona no traía nada de sabiduría y uno debía “educarla y civilizarla”.
Si bien la persona que llega a trabajar a una casa, puede estar en una menor condición económica, eso no quita que esta misma persona pueda tener saberes y conocimientos muy valiosos que no los enseñan ni siquiera en la mejor maestría del mundo y que deberíamos voltear a escuchar y aprender de ellos. El haber tenido la oportunidad de estudiar primaria, secundaria y luego otros estudios superiores no necesariamente nos hace más sabias o sabios que otras personas. Cuando pensamos así, es porque nos seguimos manejamos dentro de los criterios y prejuicios que nos dicta el sistema, por el que nuestro valor depende de qué tan “instruidos somos y cómo nos desenvolvemos económicamente” e invalidamos todos la educación comunitaria o popular que podemos recibir generacionalmente, en nuestros diversos contextos locales o como parte de nuestra propia experiencia de vida.
Recuerdo una vez que visité a mi familia, y mientras tomábamos lonche, mi mamá hizo un comentario respecto a un mal que le venía frecuente y la señora que trabajaba en casa simplemente dijo: “Mucho cálido está tomando”. Mi mamá no entendió el comentario, pero yo le seguí preguntando al respecto y era cierto, mi mamá estaba tomando muchas cosas cálidas y su mal era respuesta a ello. La señora ya se había percatado días y hasta semanas antes de ello, porque ella había aprendido de sus generaciones anteriores el cómo combinar alimentos pero cuando ella llegaba a trabajar a una casa, olvidaba toda esa sabiduría para adaptarse a la que le indiquen los dueños de casa por más que esté errada. Ella sólo obedece y deja en el rincón todo el saber que puede traer.
¿Cuántas de esas personas trabajadoras o trabajadores del hogar sean las que cuidan niños, cocinan, arreglan el jardín, limpian la casa, etc; pueden traer con ellos o ellas un vasto conocimiento que lo dejan de lado para adaptarse a los conocimientos de las personas que las contratan  porque se “supone” son los más válidos?
Además estamos afirmando que los trabajos de cuidado en casa son menos dignos o menos importantes que otros. ¿Por qué un trabajo que busca convencer a personas de comprar objetos o adquirir un servicio no indispensable,  para que finalmente las y los dueños se enriquezcan más; va a valer más que el trabajo de la persona que determina nuestra alimentación, y el cuidado de nuestros y nuestras hijas, sabiendo que de ello depende cómo nuestra familia se desarrolle posteriormente?.  Y ahora preguntemos: ¿Por qué le damos tan poca importancia a las tareas de los cuidados?, cuando justo de esas acciones depende el bienestar de nuestra familia. Esas son tareas que deberíamos desempeñar todos por igual, y aprenderlas desde la casa y la escuela como parte de nuestro proceso de crecimiento personal y social. Y ya en caso de ser adultos y no podamos asumirlas por alguna razón, pues la persona que llegue a casa para trabajar es sumamente importante y valiosa porque de ella depende cómo vivamos todos los miembros de una familia.
¿Cuántas de las tareas que desempeñan esas personas que trabajan en casa son las que nos hacen “vivir bien” en nuestro espacio familiar? ¿Y cuántas de las tareas que podemos desempeñar para otros y dentro del sistema, son justo las que ayudan a que otros “no vivan tan bien” en sus espacios locales o familiares?
Una prueba de qué tanto el sistema nos ha captado, es que nos ha hecho sentirnos mejor cuando rechazamos esas tareas cotidianas e imprescindibles para vivir, y preferimos servir a otra u otro (sin importar que con nuestro trabajo se esté contribuyendo a oprimir o explotar a otras personas o seres). Y son justo las tareas cotidianas que menospreciamos, las que realmente nos pueden liberar y dar autonomía, pues es hacernos cargo de nuestras vidas (alimentación, salud, crianza de hijas e hijos, autogestión, producción, etc.); y así dejamos de participar en el círculo vicioso y dependiente del sistema.
Luchar contra la discriminación es también empezar a ver a las y los otros con ojos de iguales; pues los estudios formales, el contexto donde nos desenvolvemos y el dinero, no deberían marcar las diferencias, ni tampoco deberían darnos aires de superioridad;  más bien terminan siendo más cuentos del sistema para controlarnos y seguirnos explotando. La sabiduría se construye en la experiencia y el tiempo, indistintamente del contexto donde vivas o la condición económica que tengas.

Claudia Palomino

viernes, 18 de enero de 2019

LA REVOLUCIÓN EN LA COMIDA


Cada vez somos más quienes rechazamos este sistema injusto e intentamos defender la vida en todas sus formas, aspirando a construir un lugar con real libertad individual y colectiva, valorando nuestras diversidades. Sin embargo, cuántas veces lo que comemos es todo lo contrario a nuestros sueños de un lugar más justo para todas y todos. Recordemos esta frase: “Somos lo que comemos”. Entonces, ¿qué es lo que estamos siendo con lo que comemos?

Nuestra comida la tenemos tres o más veces al día, y es importante que no sólo sea saludable para nosotros y los que están a nuestro alrededor, sino empezar a conocer cuál es la historia del alimento que llegó a nuestras mesas y asegurarnos que lo que entra a nuestras bocas también provenga de lógicas justas y solidarias. No contribuyamos a más injusticias con nuestro consumo y nuestros bolsillos.

Les damos algunas ideas de alimentos que por más saludables que sean no deberían ingresar a nuestras mesas si provienen o demandan:
1.    Deforestación de bosques, como la crianza de ganado industrial, soya y manteca de palma (que contienen gran parte de los productos envasados y procesados que hay en el mercado, así como los aceites comerciales).
2.   De grandes monopolios industriales que acaparan tierras, agua y hasta contaminan la zona y pueblos aledaños con pesticidas.
3.  De explotación laboral, como las uvas  negras grandes de Piura que contratan mujeres en condiciones de explotación, empresas azucareras de la costa norte que no les pagan a sus trabajadores, algunos insumos de la marca Nestlé viene de explotación infantil en África.
4.     Especies que estén en riesgo de extinción o que están en temporada de veda.
5.    Alimentos que requieran excesivas cantidades de agua sobre todo en contextos de sequía, como el arroz o espárragos que requieren ser inundados.
6.   Que tengan fertilizantes o pesticidas químicos, no sólo por nuestra salud sino porque también contaminan a la tierra, fuentes de agua y a todos los seres vivos.
7.   Que utilicen saberes ancestrales de los pueblos sin que haya un beneficio directo para ellos (como algunos restaurantes costosos, empresas naturistas, etc.)
8.  Alimentos refinados, procesados con aditivos químicos o que tengan en sus insumos componentes transgénicos, que ya mataron sus nutrientes. O si son animales o sus derivados, que hayan sido criados de forma antinatural y llenándolos de químicos.
9.      Que gastan mucho combustible para llegar a nosotros sea desde otro país o zonas alejadas.
10.   Que sean financiados o promocionen empresas extractivas (mineras, petroleras, de gas, tala, etc.) que justo son de las que más contaminan la naturaleza.
11.   Que vengan de empresas que experimenten con animales.
12.   Que tengan envases innecesarios como plástico, tecnopor o aluminio.
13.  De grandes cadenas o tiendas que compran alimentos de agricultores a un precio injusto, para luego venderlos con máxima ganancia.

Algunas personas dirán que es muy difícil lograr no consumir estos productos o saber de dónde vienen, y sí, es difícil pero no es imposible. La idea es empezar anulando o disminuyendo el consumo de algunos de los alimentos que involucran los procesos indicados anteriormente. Además gran parte de ellos son totalmente innecesarios en nuestra dieta, pues no nos nutren.
Recordemos que si bien nuestra protesta puede incomodar a una persona o empresa capitalista y explotadora, lo que más les duele es que bajen sus ventas, y eso lo podemos hacer desde abajo.
Empecemos a ver toda la diversidad de posibilidades que tenemos a nuestro alrededor para construir otras formas de alimentación mucho más justas y solidarias para todos los seres. Las necesitamos para resistir en los tiempos difíciles de crisis ambiental y alimentaria que se nos vienen. Sabemos que el sistema y los de arriba no vendrán a salvarnos, pues seguirán lucrando a costa de nuestras vidas, y más bien nuestra organización colectiva y autónoma es la que puede ayudarnos.

Compartimos algunas alternativas que podemos empezar a practicar para resistir desde lo cotidiano, que se pueden hacer de forma artesanal, sin requerir gran tecnología.
1.     Cultivar, sea en macetas  o en un terreno, démonos la posibilidad de comer un alimento natural, que por más pequeño que sea puede ser más nutritivo que lo producido de manera industrial, sin intervención del dinero y con el trabajo de nuestras manos. Contribuye a devolvernos la conexión con la tierra y todos los seres que la habitan, limpiar nuestro aire y nuestra tierra.
2.     Proteger a las abejas, pues de ellas depende la polinización de muchas plantas, no permitamos su extinción, tengamos flores que les sirvan de alimento y medicina. Si tenemos espacio podemos tener un panal para que tengan dónde guarecerse.
3.    Sembrar árboles, porque ayudan a limpiar el aire, retienen agua, nutren el suelo con sus hojas, ayudan a generar un hábitat más sostenible en tiempos de sequía. No sólo se siembran en grandes extensiones, también podemos sembrarlos en jardineras, caminos, patios, etc.
4.    Devolver al suelo la materia orgánica que queda de tus alimentos, a través de la elaboración de compost o humus.
5.  Guardar semillas, que son fuentes de vida para todos los seres. Necesitamos reproducirlas y guardarlas, para asegurar la diversidad y la alimentación de las generaciones posteriores.
6.    Criar y colectar agua. Cada vez hay más escasez de agua, podemos colectar el agua de la lluvia a través de canaletas en nuestros techos, además existen otras técnicas, tanto artesanales como tecnificadas, para conservar el agua del subsuelo.
7.  Consumir plantas silvestres, hay mucha comida vegetal sumamente nutritiva que no estamos viendo, y es la que nos ofrece la naturaleza cuando más nos falta comida. Era la comida de nuestros antepasados, sólo debemos aprender a reconocerla y saber de dónde, cuándo, qué parte y cómo comerla. También existen insectos silvestres que se puede consumir, dependiendo de la temporada. Muchas personas mayores aún mantienen ese saber, reconstruyamos la memoria.
8.   No desperdiciar alimento. Nos hemos acostumbrado a comer sólo una parte del alimento y olvidamos que en muchos casos las cáscaras, semillas, hojas, flores y raíces (si son cultivadas de forma natural) también son comida y a veces hasta más nutritivas que el mismo fruto; son conocimientos que debemos recuperar.
9.     Germinar. Si tenemos semillas cultivadas de manera natural podemos germinarlas y allí tenemos un alimento potenciado. De esta manera podemos consumir el mismo alimento en menos cantidad.
10. Fermentar. A parte de ser una forma de conservación, todo alimento fermentado se convierte en un pro biótico que ayuda a restituir nuestra flora bacteriana, y también es una forma de potenciar el alimento.
11. Conservar. Casi todos los alimentos podemos conservarlos por muchos meses y hasta años, tal como lo hacían nuestros antepasados, que no sólo alargaban la vida del alimento sino en muchos casos se hacía más asimilable y nutritivo. Así evitamos el desperdicio de comida, aprovechamos la temporada de abundancia y guardamos para los momentos difíciles. Apostemos a tener nuestros almacenes ya sea familiares o colectivos.
12.  Comprar directo al agricultor o agricultora que produce natural, sin intermediarios y pagándoles el precio justo, no regateándoles porque de esa persona depende nuestra salud y el cuidado de nuestra tierra.
13. Comprar al que lucha por defender la tierra. Una forma directa de apoyar a las y los agricultores que luchan por proteger sus tierras de diversos proyectos extractivos, aparte de protestas y difundir sus luchas, es comprarles lo que producen. Ese apoyo es vital para mantener viva su lucha.
14. Generar redes de trueque y comercio justo. Como no todos podemos hacer todas las actividades mencionadas anteriormente, es importante conocer quiénes y qué iniciativas se están desarrollando, para poder adquirir directamente productos o servicios de quienes los desarrollan, sea comprándoles, contratando sus servicios o intercambiando. De esta manera también generamos un mercado paralelo al sistema consumista.
15.   Cargar nuestros propios utensilios. Debemos acostumbrarnos a portar siempre bolsas, plato o taper, vaso, cubierto, etc; de esta forma evitamos todos los descartables.
16. Compartir información y experiencias. Empecemos a socializar lo que hacemos, este conocimiento no debería ser exclusividad de unos pocos, es urgente que todos empecemos a poner en práctica nuevas formas de vida. La información y conocer otras experiencias nos ayudará a hacerlo de mejor manera y en menos tiempo.

Quizá existan más alternativas pero hemos compartido algunas de las que ya venimos poniendo en práctica. Somos conscientes que algunas requieren más tiempo que otras, pero es preferible brindar ese tiempo a construir otras formas de vida posibles, que entregarlo a un sistema que justo se enriquece imponiendo una sola forma de vida y destruyendo todas las demás.

¡Imapas kachun mihunalla kachun!
¡Que la comida consciente también sea nuestra revolución!
¡Por nuestra soberanía y autonomía alimentaria!

PD: Más adelante iremos explicando, sea virtualmente o a través de talleres, cada uno de los ítems que mostramos como alternativas.


Canasta Solidaria Mihuna Kachun

miércoles, 16 de enero de 2019

Reflexionando sobre el triunfo proletario peruano, 100 años después

100 años han pasado y parece que nos contentamos con celebraciones líricas y comparaciones anacrónicas. Pero la historia no sirve si no sacamos lecciones.

El 15 de febrero de 1919 los obreros organizados lograron la jornada laboral de 8 horas tras fuerte lucha. La medida beneficiaba a un reducido sector de los trabajadores de entonces pero abría las puertas a los derechos de los demás. Esos años, apenas las ciudades principales de la costa contaban con proletariado industrial, en la mayor parte del país (incluso en Lima misma) las luchas sociales más sonadas eran encabezadas por comuneros, artesanos y otros trabajadores no asalariados. Al menos en las ciudades, se venían organizando sindicatos bajo orientación anarquista o católica, los primeros asumieron la lucha por las 8 horas aun cuando no todos eran asalariados.

Así, el triunfo fue sentido por todos los sindicatos. Los anarcosindicalistas pensaron algo como “vamos por más”. Las jornadas por el abaratamiento de las subsistencias, las universidades populares y la organización obrero-indígena fueron sus siguientes pasos. Pero al mismo tiempo, iban siendo desplazados en la conducción del sindicalismo por el marxismo, el “ejemplo ruso” era poderoso y ofrecía mayor organicidad frente a la represión y la oligarquía. 11 años después del triunfo, todos los frentes abiertos por los ácratas se hallaban disminuidos, en ese panorama los marxistas crearon la CGTP, organizada con verticalismo y centralización.

El marxismo orientó la lucha sindical como complemento de la lucha política, bajo la idea de que el curso de la historia era la industrialización del país y la proletarización de todos los trabajadores. Si bien esto funcionó con respecto al trabajador urbano de las principales ciudades, no fue así con el sector rural ni las ciudades medias. Esta contradicción fue pasada por alto afirmando que el Perú era un país semifeudal, como para decir que sí o sí se industrializaría a la larga.

Los sindicatos fueron disputados por comunistas y apristas durante algunas décadas. En medio de esa disputa, surgió y se extendió el sindicalismo agrario, hasta que en los años 60 los campesinos sindicalizados decidieron dejar de pedir mejoras laborales a sus patrones, y optaron por ocupar las tierras. No fueron las centrales sindicales quienes orientaron esta lucha, sino algunos militantes trotskistas y de otros sectores marginales dentro de la izquierda.

Esta lucha triunfó y transformó al país, pero nuevamente la izquierda prefirió sus dogmas antes que aprender de la experiencia. La corriente maoísta propuso la guerra popular y un partido nos llevó a una guerra civil que terminó destrozando al movimiento popular más que a la clase dirigente. Esta llamó terrorismo a los “guerreristas” de SL, y con el tiempo extendió el término para calificar a todo el que planteara reformas sociales.

Tras 25 años de neoliberalismo, el obrero industrial es un sector reducido, incluso todos los trabajadores asalariados no llegan a conformar una mayoría. Un gran sector somos trabajadores precarios, de múltiples formas. Sin embargo, la izquierda sigue apostando por el “proletariado” como actor histórico primordial (forzando incluir a la burocracia en dicho sector) y sigue controlando las centrales sindicales, que a pesar de ser casi simples aparatos, son las únicas que pueden movilizar gente orgánicamente en las ciudades.

Algunas lecciones de esta historia que se me ocurren en el momento:

- Un sector bien organizado puede lograr un triunfo nacional, aun siendo cuantitativamente pequeño. Y ese triunfo puede abrir las puertas para diversas luchas.
- Los trabajadores han logrado triunfos cuando priorizan una demanda social antes que una propuesta política. Cuando luchan por una conquista concreta, aun desafiando los dogmas de sus dirigentes.
- A pesar de eso, son fácilmente seducidos por discursos que suenen bien elaborados, y más si vienen amparados por experiencias en otros países (aun cuando lo que conozcamos de dichas experiencias sólo es lo que cuentan los mencionados discursos).
- Haber olvidado la historia del triunfo de 1919, hace que no reparemos en que ese logro fue producto de un largo proceso.

Hoy, parece que la nostalgia es lo que mueve al movimiento sindical. No hay una “experiencia rusa” que sirva de faro guía, pero los pocos trabajadores organizados siguen controlados por la misma orientación. ¿Es posible organizar a los precarios?, ¿o a cada sector de ellos?, ¿cómo interactuar con los trabajadores organizados?, ¿cómo interactúan todos estos a su vez con los movimientos indígenas y campesinos?, ¿qué tipo de organización necesitamos?, ¿qué podemos aprender de los obreros y artesanos anarcosindicalistas de hace 100 años?

No se trata de emularlos, ni en acciones ni en doctrina. Ellos se organizaron por necesidad y con la esperanza de construir un mundo nuevo, pero partiendo por solucionar sus necesidades inmediatas. También fue lo mismo con la rebelión campesina de los 60’, y con todas las rebeldías y triunfos –aunque chicos- en estos 100 años. Eso debería indicarnos un derrotero, en vez de seguir pidiendo que algún gobierno solucione las cosas, en vez de seguir intentando emular experiencias pasadas o extranjeras.

Pero hasta ahora, nuestros esfuerzos por organizarnos desde la autonomía, la autogestión y la horizontalidad, han sido intentos incompletos. Hay más activistas de pérformance, de likes y de currículo que construcciones colectivas, sean del modo que sean. Por eso, ojalá que conocer este centenario nos ayude a encontrar el camino más útil en estos momentos, con la ventaja de no repetir los errores del pasado.

domingo, 21 de octubre de 2018

10 AÑOS DEL LEVANTAMIENTO DE CANCHIS

Foto tomada de una exposición en el marco del estreno del
documental "Nuestros pueblos han hecho historia" en Sicuani
Entre el 20 y el 29 de octubre del año 2008, un conflicto social sacudió el sur peruano, marcando un hito en las luchas contra los megaproyectos y la política extractivista. Este movimiento fue producto de un acuerdo de organizaciones campesinas en un congreso indígena meses antes.
Llegado el 20 de octubre, muchas movilizaciones y acciones simbólicas se desarrollaron en el surandino, pero sólo Canchis paró completamente, liderados por la Federación Provincial de Campesinos de Canchis (FPCC) y el Frente Unificado de Defensa de los Intereses de Canchis (FUDIC). Las demandas eran el rechazo a la privatización del agua, rechazo a las concesiones mineras, rechazo al modelo económico neoliberal, rechazo a la construcción de la Central Hidroeléctrica Salcca Pucara y demandando la renuncia del presidente.
Ese mismo año se habían producido el “moqueguazo” (junio) y el primer levantamiento amazónico (agosto), movimientos sociales que sacudieron el país. Lo singular del levantamiento canchino es que fue la primera rebelión autodeclarada indígena en esta región, e inició una escalada de protestas en todo el sur andino, que se extendieron varios años, logrando paralizar varios proyectos que amenazaban a las poblaciones locales. 
En junio de 2009, luego del Baguazo, Canchis volvió a levantarse, al igual que Andahuaylas, en respaldo a la lucha amazónica y por sus propias reivindicaciones. Los dirigentes de aquellas jornadas han padecido largos procesos, de los que han sido absueltos. Valeriano Ccama, Mario Tapia, Alejo Valdez, tan solo fueron los rostros visibles, pues la lucha fue colectiva, con muchos rostros y nombres, con muchas acciones.
El puente Arturo recuerda los bloqueos de aquellos días. El puente de Chuquicamanta ya no es el mismo que la protesta quemó en alguna ocasión. De aquellas jornadas quedan algunas pintas borrosas por el tiempo. Incluso la plaza del Cusco y el aeropuerto fueron sacudidos por la presencia de los qanchis aquellos días. 
El movimiento canchino se debilitó con los años, con nuevas dirigencias y nuevas maniobras de las empresas, pero 10 años después, el proyecto hidroeléctrico Salca Pucara no se ha ejecutado. Reconocer la importancia de estas luchas es necesario y urgente, ante las nuevas y viejas amenazas extractivistas. 

Complemento con el testimonio de un dirigente de aquellas jornadas (publicado en el folleto Las luchas de Canchis, editado por Lucha Indígena): 

“En relación a esto, los dirigentes y algunos personajes en la Provincia de Canchis, iniciamos el primer levantamiento. No con el objetivo de hacer levantamiento en sí, sino como forma de concientizar a nuestro pueblo. Pero dado el momento y la voluntad de las comunidades campesinas, principalmente de las zonas altas, como Santa Barbara, Phinaya, Pataccalasaya; los hermanos alpaqueros, los hermanos ronderos; que por el dolor que hemos sentido ante tanta injusticia, iniciamos en forma decidida todo este movimiento, que ha marcado un hito dentro de la historia del Perú.”

miércoles, 10 de octubre de 2018

VoVi, analista político


Aunque yo andaba abstraído en la interesante biografía de Guaman Poma y en intentar reconstruir la historia de las wakas; los aburridos analistas políticos me devolvieron a esa realidad post-electoral que pareciese calco y copia de los años que provocaron en el coronista la frase "y no hay remedio".
Bueno, el voto viciado también puede aportar luces para una interpretación anarca de las recientes elecciones peruanas. Es pues una expresión de descontento y rechazo al sistema político, rechazo que debe ser leído adecuadamente para contribuir a construir alternativas a partir de ese sentimiento.
Algunos objetarán que se trata de una voz de rechazo, pues puede incluir muchas razones que motivan al elector a viciar su voto (simple error, desinterés, cansancio, palomillada). Para responder a estos incrédulos haremos un breve análisis. En la mayoría del país los votos en blanco y los viciados, tienen un promedio de entre 5 y 10% cada uno, sumando algunos puntos más alguno de ambos rubros (el blanco en algunos casos, el viciado en otros). En 11 regiones la suma de ambos rubros supera ampliamente al candidato ganador (Ancash, Apurimac, Arequipa, Cajamarca, Cusco, Huánuco, Lima, Madre de Dios, Piura, Tacna, Tumbes).
11 de 25 es buen número, y su diferencia con los resultados de las demás regiones indica que hay razones para que exista dicha diferencia, no puede ser producto del descuido o la palomillada simplemente. Hay un sentimiento de rechazo en unas regiones más que en otras. En algunas el rechazo se ha manifestado en el apoyo mayoritario a candidatos que aparecen como antisistema, llenando de ilusiones a la izquierda. En otras ese rechazo se expresó en los blancos y viciados.
Más luces nos dará observar el caso de tres provincias donde el voto viciado superó al alcalde electo:
-          En la provincia de Huaraz el voto viciado obtuvo el 14.53%, superando al candidato ganador. Disgregado el voto por distritos, sorprendentemente vemos que en la mayoría el voto viciado fue ínfimo, siendo alto sólo en algunos y llegando a superar al ganador sólo en Huaraz (18.43%) e Independencia (15.36, en donde además el voto en blanco obtuvo 20.22!).
-          En la provincia de Arequipa llegó al 14.98%. Disgregándola por distritos sobresale Arequipa (donde llega al 24.66%), ganando también en Cayma, Cerro Colorado, Bustamante y Rivero, Melgar, Miraflores, Paucarpata, Sachaca y Yanahuara, mientras en La Joya gana el voto en blanco.
-          Finalmente en Cusco obtuvo el 16.39%. Nuevamente disgregamos por distritos hallando que gana en Cusco (19.05), San Sebastián (16.53) y San Jerónimo (13.08)
He mencionado sólo los votos viciados porque es donde encuentro mayores particularidades, en todos los resultados provinciales el voto en blanco difiere poco del promedio nacional, sólo en votos viciados hallamos estas “avalanchas”.
¿Qué motiva estas peculiaridades? Podría ser la ausencia de candidatos que se presenten como la opción “antisistema”, pero esto no sólo se dio en las tres provincias, es decir que tendría que haber muchos más “triunfos de VoVi”[1]. Podríamos sumar las avalanchas por candidatos antisistema (Junín, Puno, etc.) con los triunfos de VoVi y encontrar que se trata de los lugares con mayor tradición contestataria, pero nos quedarían muchos vacíos.
Anoté los casos distritales de estos votos para intentar hallar un patrón común. Encontré distritos urbanos pero también rurales, ubicados mayormente en el centro urbano pero algunos también en la periferia. La característica compartida es que se ubican en lo que podríamos denominar “eje histórico”[2]. ¿Qué ha llevado a los habitantes de estos distritos históricos a emitir un voto de rechazo al sistema electoral?.
Difícil responder esta pregunta. Cusco y Arequipa tienen una identidad local muy fuerte que influye en las decisiones políticas (recordar el Arequipazo o protestas cusqueñas es inevitable)[3]. Esa identidad contestataria local respaldó posiciones de izquierda durante décadas, no debería extrañarnos que esté buscando algo más allá de la izquierda tradicional. Pero sería muy ingenuo pensar que el trabajo de activistas libertarios y anarquistas ha dado estos frutos (mayores han sido experiencias limeñas como las “zonas” por ejemplo, pero en la ciudad capital la voz de rechazo ha sido minúscula), tal vez algo hemos dialogado con el sentimiento de hartazgo de nuestras poblaciones, pero este sentimiento está más ligado a esa identidad local que gusta diferenciarse del resto del país.
En todo caso, ese sentimiento de hartazgo puede ser parte de la construcción de alternativas libertarias y allí es donde nuestros activismos pueden contribuir fuertemente, no para “ideologizarlas” esperando que surjan movimientos declarados anarquistas; sino para sumarnos a ese sentimiento y poner en la práctica lo que tenemos en la teoría: la construcción de alternativas en la cotidianidad (algo que algunos venimos intentando ya algunos años, pero que ahora nos presenta el reto de multiplicar dichos intentos).
Alguna iniciativa llamativa podría surgir a partir de ahora. Si “ganó” VoVi, ¿quedará este triunfo aparente en un simple acto simbólico? Ese es el reto. Podemos pergeñar acciones que fortalezcan el sentimiento de hartazgo para convertirlo en una posibilidad más allá de una simple cólera, proponer un “plan de (auto)gobierno de VoVi”, que parta de lo simbólico, lo provocativo, para motivar acciones alternativas a la política electoral. El campo está sembrado y no significa que sólo en estos lugares puedan surgir alternativas autogestionadas, quizás surgen en otras localidades, pero desaprovechar el panorama aquí sería una gran frustración para nosotros.

Sí, cuantitativamente a nivel de país, lo de VoVi es muy poco, pero al menos es algo. Lo otro, la posibilidad del resurgimiento de una izquierda honesta personificada en Cochero (candidato del FA de Lima) no ha calado, y los triunfos de Aduviri, Cerrón y otros, podría derivar en caudillismos autoritarios como el de Evo en Bolivia. En ese panorama, VoVi es lo único que nos queda. De caras al bicentenario de la república criolla y burguesa, ad portas de que ingresen los transgénicos y con la mineras sobre nosotros, la posibilidad de una alternativa anarca es urgente y necesaria.




[1] “VoVi” es la jerga que los cusqueños usamos para referirnos al voto viciado desde las elecciones de 2014 (por las dos sílabas iniciales de la palabra).
[2] En Huaraz el distrito Independencia es una especie de centro histórico ampliado, en Arequipa y Cusco vemos la mayoría de zonas de larga data (históricas).
[3] Desconozco el caso huaracino, por eso centro mi análisis en las dos ciudades sureñas, que además son las que más votos viciados presentaron.

lunes, 13 de agosto de 2018

Los ojos que no se ven. El activismo fraccionado


Existen dos publicaciones autónomas que se vienen abriendo paso a contracorriente en el Perú, curiosamente llevan nombres similares aunque parece que sólo eso los une. Ojo Zurdo es una revista de temática política, El Ojo Interior es una revista de temática cultural y espiritual, ambas en la búsqueda de alternativas al capitalismo dominante, pero desde dos miradas diferentes. Ambos se ignoran mutuamente e ignoran completamente el enfoque de la otra revista.
Lo que sucede entre estos dos ojos tan desvinculados, sucede en general con los movimientos antisistema del país. Hay activistas políticos que sustentan todas sus propuestas en análisis racionales y académicos, desprecian todo lo que suene espiritual y asumen lo cultural en un sentido meramente complementario. Hay organizaciones que se sustentan en lo espiritual, apuestan por la ecología y se apartan completamente de la política. Hay muchos más matices culturales, académicos, sectoriales, territoriales, clasistas.

El activismo de performance

Vivimos en la sociedad del espectáculo (Deboard), todas las actividades humanas se han convertido en una especie de escenas de la gran película de la globalización. La facilidad de las comunicaciones ha convertido a estas en una necesidad, necesitamos likes para sentir que nos oyen, que somos alguien, que cumplimos un rol en el espectáculo de la vida moderna. Esto ha llegado también a los sectores críticos. Muchos activistas dedican sus mayores esfuerzos a realizar acciones visibles, o que al menos puedan registrarse para colgarlas en las redes sociales. Performances, festivales, plantones, parecen desplazar a los procesos de más larga duración.
En el pasado, las utopías se vivían en grupos pequeños y no tan visibles, ya fuera en el sindicato, la guerrilla o la ecoaldea; los militantes de estos movimientos se internaban en esos espacios sabiendo que les llevaría años construir algo y que en ese periodo, probablemente muy poca gente se enteraría de sus esfuerzos. Lo importante no era cuántos se enteraban sino el impacto que dicho esfuerzo lograría a la larga. Hoy las cosas son diferentes, cualquier acto por más chico que sea puede difundirse casi en tiempo real, esto resulta una herramienta interesante, pero también opaca la importancia de la construcción real de alternativas.
En la sociedad de masas, los líderes encarnaban el sentimiento colectivo, se convertían en la voz y el rostro conocido del movimiento, haciendo que las bases llegasen a someterse a la influencia de dichos personajes, ya que no todos podían hacerse visibles. Esto propició el autoritarismo en los movimientos anticapitalistas, muy bien justificado por la ideología marxista. Hoy nos libramos de este problema, pero los movimientos actuales son más fraccionados, cada pequeño grupo difunde sus acciones por las redes y hace sus rostros conocidos.

Las modas antisistema

La sociedad del espectáculo tiende a generar modas que se difunden a escala global, utilizando los medios de comunicación, la publicidad, la política, la academia, etc. Estas modas hacen que se generalicen ciertas formas de hacer las cosas, elementos culturales e ideas, que terminan aceptados y reproducidos por la gran mayoría, normalizándolos. Esto llega también a los sectores críticos, terminamos jugando el juego que el sistema ha diseñado.
Décadas atrás el “sujeto revolucionario” era el trabajador, principalmente el obrero. La izquierda priorizaba la organización y crecimiento del movimiento obrero, descuidando reivindicaciones y luchas de otros sectores. Pasando al nuevo siglo el obrero dejó de ser el protagonista de los nuevos movimientos sociales, siendo reemplazado por el indígena. En los últimos años este parece ser reemplazado a su vez por las mujeres. La lucha de clases que pretendía acabar con el capitalismo, dio paso a una lucha cultural contra la civilización occidental y ahora contra el patriarcado, esto es bueno en tanto se ha ido abarcando aspectos mayores que sólo el sistema económico, pero, ¿dónde quedaron los “sujetos” desplazados?
Es indudable que los trabajadores siguen siendo explotados y en muchos casos más que antes, así como en el pasado las mujeres siguieron oprimidas por el patriarcado aun cuando los intelectuales de izquierda no lo considerasen importante. Todos los oprimidos y excluidos padecen estos problemas a diario, generan sus propios movimientos y hay sectores de activistas que se especializan en apoyar algún sector (o varios), pero políticos e intelectuales parecen moverse más a la moda. Estos se ponen al servicio del “sujeto revolucionario” de moda, aunque generalmente lo hacen para alcanzar presencia, hacerse visibles. Un ejemplo: cuando Evo Morales estaba por llegar al gobierno de Bolivia, Álvaro García, como buen intelectual y político, reconoció que el liderazgo lo debería tener un indígena y se sumó al movimiento como vice-líder (es Vicepresidente desde entonces).
El riesgo de que algo se ponga de moda es que toda moda es pasajera. Actualmente vemos un ascenso feminista y se discute el rol de los varones en esta lucha, esto es un gran logro sin lugar a dudas, pero ¿cómo dialogan o se integran las luchas indígenas y femeninas?, tampoco es que la lucha de clases haya desaparecido, existen mujeres ricas y mujeres pobres, ¿puede haber sororidad entre sectores tan contrarios? El debate tiene para extenderse. Un sector que también se ha hecho muy visible en estos años es el de la diversidad sexual (LGTBI), que puede vincularse a la lucha antipatriarcal con más facilidad que otros sectores, pero también tiene su propia agenda, porque padece una discriminación específica.

La especialización es la raíz de las injusticias

Francisco Ferrer decía que se debe estudiar el origen de las injusticias. Cabe hacerse la pregunta sobre ese origen, pues a veces pareciera que entendemos las injusticias como producto de la maldad de algunos grupos que en el pasado impusieron su dominio, y que lo hemos ido arrastrando e incrementando casi sólo por costumbre. La explicación economicista marxista ayuda a entender este aspecto y aunque puede volverse bastante reduccionista, resulta útil.
¿Por qué surgió el patriarcado, por qué el racismo, la dominación de clases, el esclavismo, etc.? Todos estos males no nacen porque unos fueran más fuertes y abusones que otros, y tuvieran el poder para mantener su dominación. Si bien esto pasó en algún momento, mucho antes, las injusticias nacieron porque determinadas sociedades las creyeron necesarias y útiles. Tener un líder, un guía, un maestro, resultó útil para el grupo, tanto que se empezó a dotar a estos personajes de ciertos privilegios, que trabajaran menos para que pudieran dedicar más tiempo a planificar, coordinar, enseñar, investigar. Poco a poco se fueron convirtiendo en grupos, así nacieron las élites. Y la especialización siguió creciendo, apareciendo ayudantes y protectores de las élites, allí aparecen los primeros soldados y policías, siglos después, estos serán la fuerza que permitirá a ciertos líderes conquistar otros pueblos.
Los arqueólogos han encontrado que en un principio las sociedades fueron matriarcales, eran madres mayores quienes conducían las poblaciones, ¿por qué fueron desplazadas por el patriarcado?, pues porque resultaba más cómodo para el grupo que esos roles fueran asumidos por varones, que podían disponer todo su tiempo pues no tenían embarazos ni lactancias. Por algo similar se desplazó a los ancianos. Con el paso de los años y las civilizaciones, las élites comenzaron a heredar sus roles y se educó a toda la colectividad para aceptar esa desigual distribución de roles, las sociedades se “patriarcalizaron” al mismo tiempo que se hacían clasistas. No pasó igual en todos los pueblos, muchos se mantuvieron matriarcales y otros igualitarios, algunos fueron conquistados por sociedades clasistas que les impusieron su orden, haciéndolos tributarios o esclavos.
Mientras aceptemos la especialización de cualquier tipo, estamos aceptando la dominación.

Tomando decisiones ajenas

Un grupo de personas se reúne para tomar decisiones sobre la vida de otras personas. Es lo que hace el Congreso de la República, también las dirigencias religiosas o políticas, los funcionarios, mesas de concertación, los académicos, organismos por el desarrollo, etc. Siempre son ciertos líderes o especialistas, quienes toman decisiones sobre políticas, acciones, orientaciones, un conjunto de acciones que afectarán la vida de grandes sectores de la población. Estos decididores no serán afectados por dichas decisiones, pues su rango de líderes o especialistas les da privilegios que no tiene la mayoría. Por eso todos los planes producen más problemas que soluciones, porque son meramente teóricos, sustentados por discursos, cifras y datos, pero nada vivencial.
Una asamblea de un grupo social cualquiera funciona exactamente al contrario de los anteriores. Una comunidad, un sindicato, asociación, grupo barrial, colectivo; la gente se reúne para tomar decisiones sobre lo que afectará al conjunto de personas reunidas, ya sea para defender sus derechos ante los dominadores, ya sea para mejorar su situación, enfrentar problemas colectivos o simplemente vivir la vida. Estas asambleas son la forma en que debería funcionar todo en la sociedad, porque parten de la vivencia y porque son colectivas.
También los activistas caemos en el error de planificar, consumimos mucho tiempo en debatir sobre cómo deberían ser las cosas, cuando es mucho más útil poner en práctica esas propuestas en nuestras propias vidas, en nuestras organizaciones y en los espacios en los que actuamos. Si queremos apoyar a algún sector, vinculémonos, interactuemos con ellos, pero no para darles recetas o sugerirles ideas, sino para construir algo juntos. Una red de economía solidaria y autogestiva es un ejemplo. Ideas como el frente popular o las plataformas apuntan a lo mismo.

Si dejas de creer, empiezas a crear

Años intentando construir experiencias libertarias que no pasan de ser pequeñas y fugaces, podría hacernos pensar que ese no es el camino, sin embargo, una visita a las comunidades zapatistas en México, nos mostró que no sólo es el camino sino que hay otros que ya lo tienen bien recorrido. Lo sorprendente es que allí, son las “bases” quienes tienen las cosas claras, cosa que acá no vemos, acostumbrados a ver ideas de dirigencias y activistas pero que no calan en la mayoría de la gente. ¿Cuál es la diferencia?
El sistema nos domina económica y políticamente, pero principalmente culturalmente. Creemos necesarias las jerarquías y por ende las injusticias, creemos inevitables las instituciones y las normas impuestas. Nos domina un pensamiento simbólico (Bordieu) que se impone y se reproduce desde la escuela hasta la publicidad, acostumbrándonos a aspirar ideales como el éxito, el desarrollo, la seguridad. Nos sentimos parte de una sociedad con sus pros y sus contras, desafiarla es casi quedar en el limbo, por eso aunque cuestionemos la dominación terminamos aceptando sus reglas, en la esperanza de que se puede mejorar las condiciones. En esto nos hizo mal el marxismo, con su discurso de que las cosas sólo se pueden transformar desde el poder.
Pero cuando dejamos de creer en el sistema, inmediatamente empezamos a crear modos diferentes. Es lo que pasó con los zapatistas, por eso avanzaron tan rápido. El momento en que dejemos de seguir los ideales capitalistas, recuperaremos la capacidad creativa hoy aplastada por la dominación simbólica. Por eso es útil cuestionar los grandes espectáculos como el mundial de fútbol, aunque nos digan que odiamos lo popular. Lo popular es en realidad una producción cultural del sistema, hay que ser impopulares porque hay que liberarnos de una cultura impuesta, que llaman “popular” para no reconocer que es subalterna. Cuestionemos todos los mecanismos de reproducción de las dominaciones, incluidas la academia, la empresa y la política partidaria.

Tus privilegios son tus ventajas

Si ya dejamos de creerles, toca usar las ventajas que tengamos a nuestro favor. Las habilidades de cada individuo no debieran ser motivo de privilegios, sino oportunidades de que el individuo aporte de mejor manera a la sociedad. Pero nos acribillan con la idea de que esas habilidades son nuestro principal capital, que no podemos ofrecerlas gratis, son nuestra mayor herramienta y nuestra única tabla de salvación.
Los activistas sentimos que tenemos el privilegio de poder decidir nuestras acciones, cosa que no pueden realizar todas las personas. Cuanto más explotada eres más difícil es modificar tu situación. El sistema nos enseña a agradecer a algún dios o al destino por dichos privilegios, pero en espacios críticos llegamos a sentir vergüenza de los mismos. Saquémosle la vuelta al asunto, esos privilegios son nuestras ventajas para contribuir con la liberación de la humanidad. Si tenemos más conocimiento no lo gastemos en debates académicos, usémoslo para comprender mejor la realidad y ayudar a cambiarla. Si tenemos la posibilidad de autogestionarnos, hagámoslo, porque esas pequeñas experiencias de economía alternativa que construyamos, pueden ser una base para el mundo nuevo que buscamos.
No debatamos cómo mejorar la vida de la gente, reunámonos con la gente que podamos e intentemos hacer eso en la práctica, no importa que el grupo en el que estemos no sea el “sujeto revolucionario”, lo que importa es construir lo que podamos en el lugar en que estemos. No importa la difusión que tengan nuestras acciones, lo que importa es el proceso que vamos construyendo. No interesa si hacemos un evento exitoso, sino las relaciones que se están construyendo en el proceso de su realización.

El enemigo principal

Ese es el título de una antigua película que más era publicidad de las guerrillas, pero retrataba bien el pensamiento de la izquierda del siglo XX: existen dos clases antagónicas y cuando los proletarios derrotemos a los burgueses podremos implementar la sociedad comunista. Sin embargo, si los pobres somos mayoría, ¿por qué no podemos derrotar a la minoría dominante?, ¿por qué siempre nos ganan las elecciones? Es que no se trata de una cuestión cuantitativa, el sistema controla a la población a través de la dominación cultural y simbólica. Hasta ahí llega la explicación izquierdista tradicional, es necesario ver un poco más allá.
El enemigo no es un ser malvado completamente ajeno a nosotros. Los grandes decididores de la política, la economía y la cultura globalizada, pueden ser tipos buenos en su vida familiar y amical, pero aislados de nuestras vidas, incapaces de comprender nuestras aspiraciones. El sistema hace que los más malos tengan más poder y por eso se dan las barbaridades que no necesitamos recapitular. Pero el sistema funciona porque existen cientos de servidores de los poderosos, como la policía por ejemplo, que jamás reflexionan sobre el rol que están cumpliendo dentro del sistema de dominación.
El feminismo nos permite ver la real dimensión de las cosas: el enemigo está en casa. No luchamos contra abstracciones como el patriarcado, la injusticia, el colonialismo, el racismo, la violencia. Luchamos contra gente concreta que hace que esas formas de dominación funcionen, personas que defienden la opresión o la ejercen a veces sin darse mucha cuenta de lo que hacen. Por eso la lucha principal es cultural, necesitamos darnos cuenta de que reproducimos las dominaciones y entonces podremos empezar a deconstruirnos, invitando y exigiendo a los demás hacer lo mismo. Pero cuidado, corremos el riesgo de ensimismarnos, pensar que nuestras actitudes personales bastan. No, también hay que pelear contra la gente que se niega a cuestionar la dominación y la sigue ejerciendo. Como dice una consigna: “a un fascista (o machirulo, o racista, o patrón) no se le discute, se le destruye”.

Emparejando los ojos

Esa separación entre “nosotros” y los “otros” es nuestra primera barrera. La lucha feminista no puede estar sólo en manos de las mujeres, porque el patriarcado se reproduce principalmente por los varones. Igualmente, no sólo los indígenas deben ser antirracistas y anticoloniales, como tampoco los derechos de los jóvenes son sólo responsabilidad suya, ni la situación de los pobres excluye a quienes tengan una situación diferente. Esto podría parecer una contradicción con nuestro cuestionamiento al “tomar decisiones ajenas”, pero ambas ideas se complementan.
Dos son los ojos pero juntos nos permiten ver. En vez de pensarnos como varón y mujer, pensémonos como pareja, y allí, dentro del hogar, es donde empieza nuestra revolución. Construir una relación igualitaria implica una deconstrucción constante de nuestra herencia patriarcal, y hacerlo no sólo es posible, sino imprescindible. En los espacios en los que interactuamos encontramos personas diversas, por género, cultura, edad, situación económica, preferencia sexual; debemos construir nuestros movimientos como una gran familia, no especializar los temas sino integrarlos. Deconstruir el patriarcado tanto como la colonialidad, el clasismo, las fobias y prejuicios.
El problema de los movimientos divididos es que se han “agendado” por temáticas, como cuando una organización se divide en comisiones: laboral, indígena, de la mujer, de juventud. Necesitamos ver cada lucha con dos ojos: mujer y varón contra el machismo, negro y blanco contra el racismo, indígena y occidental contra el colonialismo, homosexual y hétero contra la homofobia. Esto nos fuerza a tomar acciones en tanto dominados o dominantes, según el caso. Claro que habrán espacios que tendrán que ser exclusivos de los dominados (círculos de mujeres, movimientos afros o indígenas, espacios lgtbi), pero una cosa no quita la otra. Es probable que en nuestras organizaciones no abordemos todas las formas de dominación, porque no contamos con integrantes que provengan de todas ellas, por eso es importante ser flexibles, y estar siempre abiertos a vincularnos con otras organizaciones y espacios.

Roberto Ojeda Escalante