martes, 1 de junio de 2021

Nuevos ritmos para la piedra (poema de Germán Bausch B.)

 

Nuevos ritmos para la piedra

Germán Bausch Bedoya

 

Apu Sauma, antigua waka de Chinchaypucyo

¡Piedra, piedra, piedra, piedra!

………………………………….

Silbas en los labios del viento

un compás apresurado;

por seguir tu trayectoria

el silencio se arrodilla.

 

Caes redonda y clara

meteoro de los incas

y florece tu estampida

en el fruto de los huertos.

 

¿Por qué milagro de rocas

te has veteado de colores?

¿Por qué extraño rodadero

te viniste con el agua?

 

¿Quién fue tu madre, tu padre

roca vecina del cóndor?

Tal vez fuiste un grano

empapado de eternidad.

 

Que con los oídos del tiempo

escuchaste a Manco Ccapac,

mirando las altas flechas

de los guerreros del agua.

 

Tal vez sentiste a los Ayar

viniendo por tus costados

con su siembra de cultura

que iluminaba caminos.

 

¿No serás tú la partícula

de mundos extraterrenos

o la fracción de una maccana

sobre cráneo aventurero?

 

Cuántos siglos has bebido

el agua de los puquiales.

¿Te impregnaste de sangre

o te perdiste en la historia?

 

¿Tal vez contemplaste vicuñas

de filmadoras pupilas

indiecitas de mil trenzas

bajando por los nevados?

 

¿Cuántos pasos crujieron

como esquilas en tus oídos

derramando mote amargo

por el fuete de hacendados?.

 

¿Cuántas ojotas rompieron

la raíz de tus caminos?

¿Cuánta coca ha llorado

su llipta por el soroche?

 

Te acostaste sobre el ichu

con un silencio de siglos.

Es hora que despiertes piedra

de tu letargo sin nombre.

 

Sobre ti descansó el arriero

sus sueños de trago y bayeta

y muchos ponchos se abatieron

transparentes de paludismo.

 

No seas como el trueno en tu protesta,

ni relámpago en tu grito.

Que están bajando linternas

con un aire renovado.

 

No seas piedra cobarde

que se oculta en los mares

que se envuelve en las algas

durmiendo sueños de lodo.

 

El rayo templó tu cuerpo

como el acero más fuerte,

arranca el crucifijo

de tu silencio culpable.

 

Las altas peñolerías

tienen jihuayros de sangre

que lloran en la ladera

junto a las flores de nieve.

 

Sé piedra que en Ausangate

quiso escalar hasta el cielo

que en Tambomachay y Q’encco

acarició doncellas.

 

Piedra que cantó en Písac

y descansó en los caminos

que descongeló su grito

y estalló en los motines.

 

Piedra que en la galga serrana

trituró muchos caballos.

Piedra que en el gesto del Inca

es un dolor de tres siglos.

 

Piedra valiente en el cuerpo

de Túpac Amaru Segundo

a quien cortaron la lengua

mas no acallaron su grito.

 

Piedra de raza pisoteada

que el tiempo va modelando

piedra que desmenuza el agua

y que el viento la construye.

 

Piedra dura en los peñascos

suave seda en la arena

que en Sacsayhuaman es recuerdo

y en Machupicchu es asombro.

 

Piedra escopeta del pueblo

rompe costuras del aire,

eres bailarín con huaraca

danza del grito rotundo.

 

Tú siempre has sacudido

oligarquías maduras.

Tu nuevo árbol es verde,

hay esperanza en su fruto.

 

Por eso te canto piedra

símbolo de nuestra raza,

raza de piedra el incario

raza de piedra el futuro.

 

Piedra la nueva palabra

del monumento serrano,

piedra dolor encerrado

en las costillas del pueblo.

 

Piedra que va rebotando

con esperanza y con norte,

piedra los dedos del hombre

disparados a la injusticia.


Busqué este poema en internet, pero al no hallarlo lo he transcrito de la revista Fragua de 1979.

martes, 20 de abril de 2021

La encrucijada económica

Roberto Ojeda Escalante

Largas colas buscando un poco de oxígeno, los precios de balones de gas se han multiplicado, ni que decir de aparatos como los concentradores de oxígeno, las clínicas privadas cobran en varios miles para atender pacientes Covid. Las muertes y contagios continúan cercándonos. Es el resultado de haber dejado la economía en manos del libre mercado.

Para comprender cabalmente la economía actual, hay que dejar de leer a los publicistas del sistema que pululan por los medios y universidades, basta mirar los trabajos de los economistas ecologistas para entender el origen de las actuales crisis que atraviesa el planeta, pandemia incluida. Eso de leer cifras macroeconómicas resulta hoy demasiado arcaico, se debe incluir en la ecuación el bienestar de las personas, la salud, la ecología, el nivel de desarrollo intelectual y emocional de la persona. Sopesando todos estos aspectos, vemos que el actual modelo económico es un completo fracaso.

El libre mercado funciona en base a las leyes de la oferta y la demanda, priorizando la rentabilidad como valor supremo. Donde muchos vemos una desgracia, el libre mercado te hace ver una oportunidad, quizás la única en mucho tiempo, y te impulsa a no desperdiciarla, aunque asumirla produzca varias muertes, familias destrozadas y penas por montones. Por eso las empresas de la salud están lucrando con nuestras penas este tiempo, y no sólo ellos, también la corrupción se mueve con las leyes del libre mercado.

Hay quienes dirán que no es el sistema en sí, sino el accionar de las personas. Que una persona con serios valores sabrá distinguir entre una oportunidad de enriquecerse y una emergencia, que no está mal el sistema sino la gente. Este pensamiento peca de inocencia cínica, la prueba está en que no se da  el caso de empresas que prioricen la emergencia por sobre sus intereses. Sucede que al haber colocado toda la economía en manos del libre mercado, también la política, la educación y la cultura se rigen por el mismo. Entonces, ya no se fomentan valores solidarios porque no son rentables. Nadie fomenta la solidaridad porque nadie ganaría de ella, es mejor fomentar el consumismo. Para un ejemplo más concreto, si fomentas una buena alimentación, tienes sujetos sanos y fuertes, es poco lucrativo tener personas así, pues consumirán menos que alguien debilitado y enfermizo. Y es que los valores funcionan precisamente para regular los descontroles que pueden generar las dinámicas económicas.

Pongamos otro caso, ¿por qué la gente prefiere televisión basura antes que productos culturales de mayor riqueza en contenidos?, por la misma razón que prefieren consumir alcohol, porque el ser humano puede caer fácilmente en el fango de sus propios instintos desbordados. Todas las sociedades procuran regular esto socialmente, para incentivar el gusto por mejores ideales en sus ciudadanos. Aun así, poco es lo que la mayoría había logrado al respecto, pero al menos lo suficiente como para que sus sociedades fueran viables (generalmente priorizando ciertos valores por sobre otros). Pero el neoliberalismo puso todo en manos del libre mercado y entonces no hubo quien regule nada. La industria del entretenimiento invierte lo menos posible porque esa es la manera de hacer tu producto más rentable, entonces se abandona el estudio, la investigación, la elaboración complicada de productos artísticos de calidad. Se produce espectáculos con la misma lógica que se produce alcohol, justificando que es el consumidor quien exige ese tipo de productos. A esto se suma la publicidad, que siguiendo las reglas del libre mercado, se desarrolla en función de vender el producto, aun cuando tenga que recurrir a la mentira o la verdad a medias.

Por todo ello, para que una sociedad sea un poco más humanamente viable, las instituciones deben cumplir un rol regulador y fiscalizador, que controle al menos los excesos. Sin embargo, no se trata de volver al estado total, que sólo derivó en totalitarismos. Los marxistas solían justificarse con la misma cantaleta de que no falló el modelo, sino las personas, pero ya sabemos que este aforismo es falso. La experiencia histórica demuestra que ni el Estado ni el Mercado pueden controlar la vida, pues derivan en dictaduras extremas o el capitalismo salvaje que ahora padecemos.

No nos preocupemos pues sí hay alternativa. Se denomina autogestión a la capacidad de un colectivo humano para controlar su propia economía, esto es, desde el proceso de producción hasta la obtención de la retribución por su trabajo. Aplicando principios libertarios como la horizontalidad y la rotatividad, y valores como el apoyo mutuo, es como funcionan muchos emprendimientos alternativos por todo el planeta. No voy a mencionar los ejemplos conocidos pues basta decir que esto se da desde proyectos familiares hasta fábricas bajo control obrero. Es más, en parte de nuestras relaciones cotidianas aplicamos autogestión, ya sea en nuestras actividades o colaborando -voluntaria o involuntariamente- con otras personas que sí lo hacen.

Para que la autogestión pueda seguir desarrollándose, necesitamos que el sistema político nos permita ciertas libertades básicas. Es cierto que muchas experiencias le sacan la vuelta al sistema actuando con cierta clandestinidad y/o marginalidad (a veces ilegalidad), pero tener condiciones más favorables ayudaría a que nos desarrollemos con menos angustia ante la represión directa o solapada. Es cuando dirigimos nuestra mirada a las instituciones, para que ciertas leyes o normas nos quiten algunos pesos de encima, es cuando vemos en un cambio constitucional una oportunidad. Que regulen el mercado porque está demostrado que no puede regularse solo, lo demás lo haremos nosotros en el día a día y con la gente más cercana, pero sin tener que competir en desventaja con las reglas de un sistema que todo lo corrompe.


martes, 7 de julio de 2020

Quispe y Huamán

Por: Emperatriz Escalante Gutiérrez


Señores participantes aquí nos encontramos, en una primera  reunión  de este círculo de estudio que hemos formado con el fin de realizar diferentes conversaciones sobre temas de actualidad, en la vida diaria de este nuestro bello país de las “maravillas”. El tema con el que comenzaremos es acerca de la “Discriminación”. Como moderadora  de hoy y antes de declarar abierto el debate voy a plantear a modo de motivación o más bien lanzar las siguientes frases:
1.-  “Estás Quispe o estás Huamán”, la que aún  se escucha aunque parezca ya desaparecida.
2.- “Ciudadanos de tercera”, expresada por un expresidente corrupto, ladrón, sinvergüenza y enfermo mental.
3.- “No se puede discutir o tomar la opinión de llamas o alpacas”, expresada por un politiquero alienado, retrograda, con una mentalidad de basurero perteneciente a una derecha bruta y achorada.
Quiero invitar ahora a que tomen la palabra de acuerdo a las inscripciones ya realizadas. Primera participante.
-       Compañeros(as) antes de intervenir voy a presentarme, soy Nina Mar Quispe Q. soy abogada. Comenzaré mi exposición relatando mi propia experiencia.
    Mi madre, niña aun, fue entregada por sus padres a una familia de comerciantes que la trataban como a una esclava, le encargaban todas las tareas del hogar desde que amanecía hasta altas horas de la noche, mal alimentada, mal vestida, durmiendo en un viejo colchón en la cocina casi sin frazadas, no le daban sueldo, sin días domingos, ni vacaciones, ni mucho menos educación. Cuando estaba por cumplir los 15 años, fue abusada sexualmente por el hijo mayor de sus patrones y es así, como yo vine al mundo; cuando yo era todavía una niña de unos 10 años, mi madre enfermó gravemente, los señores, no se preocuparon por hacerla curar y así ella falleció.
            Al morir mi madre, ellos echaron toda la carga doméstica sobre mis débiles hombros de niña, pero eso fue, felizmente, por poco tiempo, ya que apareció en mi vida, como una luz, mi madrina, yo no la conocía, alguna vez mi mamita me había hablado de ella y me dijo también que cuando la necesitase mucho ella vendría a mí. Mi madrina se enfrentó a mis patrones que a la vez eran mis abuelos pero que nunca me trataron como a nieta sino como a  sirvienta. Mi madrina no les pidió nada, solo les exigió que me entregaran a ella para que se hiciera cargo de mí y que si no lo hacían les denunciaría y que les iría muy mal, entonces logró conseguirlo.
Me llevó a su modesta casa, me puso ropa nueva, me alimentó y sobre todo me educó, me puso en la escuela y así fue que pude llegar a la “U”. Ella era una luchadora social, era una mujer fuerte, decidida y organizaba a las trabajadoras del hogar, luchaba junto con ellas para exigir sus derechos y es con ella que aprendí a defenderme y a luchar junto con las servidoras del hogar, de las obreras, de las campesinas, de las sub-empleadas.  Estudié derecho y me gradué, pero no con el afán de ganar mucho dinero poniéndome al servicio de los poderosos o del Estado, sino, para ser servidora de los marginales, de los ofendidos y humillados, además en la biblioteca de mi madrina me encontré por primera vez con los grandes escritores comprometidos con la lucha y la defensa de los pobres como el Amauta Mariátegui, los grandes indigenistas de la patria, novelistas como la gigantesca Clorinda Matto, Alegría, Scorza, el poderoso maestro Arguedas, y muchos otros más del país, de América y del mundo. Hasta aquí mi primera intervención, ya después daré mi opinión sobre el tema a tratarse hoy.

Segunda intervención:
    Compañeros, me llamo Qori Alba Huamán, yo estudié y me gradué como doctora en pediatría. Realicé mis estudios en nuestro país, pero pude salir becada hacia otros países para cursar mi post-grado y maestría. No tengo consultorio particular, trabajo en un hospital del Estado, en mis horas y días libres atiendo en un local comunal donde hemos establecido una posta médica gratuita, con  mi esposo que también es médico, y unas enfermeras, entre ellas está mi hermana, las que son voluntarias. Porque cuando elegí la carrera de medicina no lo hice con el afán de ganar mucho dinero, sino con el deseo de servir a los demás seres humanos sobre todo a los más  pobres y a los niños. Mi familia es campesina, mis padres aún viven allá en nuestro pueblo sembrando en sus chacras y criando a sus animalitos. Yo salí hacia la ciudad para estudiar, recibí el apoyo de mi tía que tenía un puesto de ventas de productos en un mercado de la ciudad, llegué a su casa, luego me dediqué a ayudarla, pero también pude ingresar a la U y estudiar. Tengo varios hermanos, unos siguen en el pueblo, una de mis hermanas también se vino a la urbe y estudió enfermería, ella siempre está conmigo, me apoya en los servicios de salud que damos en un pueblo joven. En el colegio nacional en el que estudié sí la mitad de estudiantes teníamos apellidos quechuas y nunca sentí que nos discriminaran por eso, tanto apellidos quechuas como castellanos se entremezclaban en forma normal. Lo mismo pasaba en la U nacional en la que continúe mis estudios. Solamente, recuerdo, que en una ocasión, escuché a un profesor, médico él, que en una conversación informal entre docentes, dijo en forma muy enfática, lo siguiente:
-“Ahora la U y la facultad de medicina están plagadas de Quispes y Huamanes”
   Como yo estaba cerca escuché ese cometario y quedé muy indignada ante tal expresión tan racista, yo admiraba a ese docente por sus amplios conocimientos científicos, además nunca creí que a pesar de que tal docente no era muy blanco que se diga, sino más bien mestizo de piel trigueña, sin embargo y se apreciaba que tenía sentimientos discriminatorios. En esa ocasión otro docente le contestó, muy extrañado:
-Me sorprende Ud. Doctor, hoy que vivimos tiempos muy modernos, más bien estamos ya en plena era cibernética, y creo firmemente que discriminar a las personas de apellido quechua es algo tan anacrónico, tan retrógrado, tan pasadista, y pienso más bien que a cada estudiante o a cada profesional no se le valora por sus apellidos o por sus aspectos físicos, sino por su capacidad y talento que demuestren y punto.
   Yo estoy segura de que la discriminación racial en nuestro medio, en esta nuestra ciudad sagrada, se viene arrastrando desde hace muchos años y que aun existe hasta hoy. Así sucede pues a pesar de que muchos que son mestizos  o criollos más cobrizos que blancos, se alucinan ser blancos y discriminan a los apellidos quechuas, creo que en sus mentes hay tal confusión que no pueden ubicarse en el lugar que les corresponde y se hunden en un charco de sentimientos entre retrogradas pasadistas, colonialistas mentales, realmente absurdos, por eso creo yo que esto durará aun por bastante tiempo para que las ideas discriminatorias desaparezcan totalmente.       

-Voy a dar uso de la palabra a la siguiente participante.
-Compañeros casi todos ustedes ya me conocen, soy la tía Sabina Qolqe, la tía terca, que siempre estoy metida en toda protesta, marcha, vigilia, etc, etc. En esta ocasión quiero hablar, primero relatando algo que me sucedió en el centro de trabajo en el que estuve por un buen tiempo y quizá sirva para ilustrar mejor el tema que tratamos ahora sobre la discriminación. En el centro educativo al que hago referencia, habían varios profesores, casi la mitad de ellos tenían apellidos quechuas.
Esta anécdota que voy a contarles sucedió hace tantos años sin embargo aún me causa tanta indignación, en aquel centro educativo en el que yo trabajaba, había una docente tan especial, tan absurda en sus “ideas” pasadistas y retrógradas, que maltrataba siempre a los demás, sobre todo a los colegas que tenían apellido quechua, un día en una reunión le hizo callar a otra profesora la que se puso a contradecirle en una decisión que se refería a participar o no en una marcha de protesta, y ella se atrevió a decirle:
-“cállate oye Aucca, que te crees tú, aquí no estás en tu comunidad” – la profesora aludida se quedó paralizada, no dijo nada, pero yo sí hable; y dije:
-¡Qué!, acaso te das cuenta de lo que dices, quien eres más bien tú, para referirte así a nuestra colega. Nosotras las que tenemos apellidos quechuas nos sentimos muy orgullosas de ello, nos sentimos herederas de aquellos nuestros padres y antepasados Incas que lograron una alta cultura, aquí en esta nuestra ciudad sagrada vivimos aun con todo el furor de sus queswa runas y queswa warmi, somos así fuertes, valiosos, valientes, representamos aún muy altos valores de solidaridad, colectivismo. Tú te sientes orgullosa ¡de qué!, ¿de ser descendiente de un pastor de chanchos y de unos cuantos analfabetos, delincuentes, aventureros que lo único que buscaban aquí fue oro y más oro, para salir de su miseria y de su hambruna?, que pena, que asco, estás enfangada en tus ideas retrógradas, eres una triste colonialista mental, que pobre espíritu tienes realmente das pena-  que la raza de aquellos que vinieron, trajeran una cultura basada en el egoísmo, la soberbia, el caos moral, etc, que tienen algunos valores dignos, sí que tiene grandes hombres, sí que también hay quienes luchan por sus derechos, sí, además que su cultura era muy diferente a la nuestra. Ella no respondió nada, tampoco dijeron nada los demás.
Daremos paso al siguiente participante: al ingeniero David Pardo Huillca.
-Señores participantes, yo soy ingeniero y aunque mi primer apellido es castellano, yo me siento más orgulloso de mi apellido quechua que significa “sagrado” y que me une con un fuerte lazo sanguíneo no solo a un glorioso pasado, sino también a una cultura aún vigente que no ha muerto, no muere, ni morirá nunca, aunque cholo me siento más unido a una raigambre “india” que me da identidad, que me muestra mis raíces ancestrales porque sí señores, provenimos de un pasado estupendo, de runas y warmis que alcanzaron una alta cultura  solidaria, colectivista, comunitario, con una filosofía humana y sabia basada en el respeto y veneración a la Mamapacha, a la naturaleza, a los hermanos menores los animalitos. Quiero recordar y recalcar también que tuvieron como lema el “yachay, munay y llank’ ay (sabiduría, amor y trabajo)” he vivido muchos años en la gran capital y lo que he captado entre muchas cosas es que ha habido muchas migraciones de serranos hacia la ciudad, en unos casos huyendo de la violencia, en otros casos en busca de mejores oportunidades, pero que con esto han hecho crecer desmedidamente un inmenso cinturón de casuchas míseras ubicadas sobre todo en los cerros que rodean a la ciudad. Y han llevado a ella sus costumbres, sus usos, sus fiestas, su música, sus danzas, sus artesanías, etc, etc, colmando y copando inmensos espacios de la gran urbe, y casi han ido arrinconando a los auténticos capitalinos, entre blancos (pocos) y más mestizos, también criollos, los que se han ido atrincherando en ciertos barrios de la ciudad y es entre ellos, sobre todo entre sus intelectuales, artistas, políticos, comunicadores, en esos que guardan muy en sus fueros internos gran resentimiento, desubicación, mucho colonialismo mental, mucha alienación, aquellos que se creen más españoles que naturales del país, que se apegan más a todo lo que sea traído de fuera sobre todo de Norte América, por lo tanto dejan sentir con fuerza la discriminación que sienten por los serranos y selváticos, por ejemplo en un tal político… dijo en una ocasión con mucho desprecio: que no se podía dialogar con llamas y alpacas, también un tal presidente entre desequilibrado sinvergüenza, ladrón, asesino, corrupto, tuvo el desparpajo de opinar acerca de los habitantes selváticos tratándolos de ciudadanos de tercera categoría. Cuando yo era muy joven y tenía ideas violentistas, las que ya no tengo ahora, creía que a las comunidades indígenas debíamos ganarlas hacia la “civilización” a través de una adecuada “educación”, pero después que conocí al gran amauta Arguedas, comprendí que debía ser lo contrario, que debíamos aprender de ellos, que debíamos comprender y conocer mejor la “cultura andina” tan sabia y que ahora basándose en ella, podríamos más bien salvar en lo posible a esta tan distorsionada humanidad, también me nutrí mucho con los trabajos de C. Alegría, de la grandiosa Clorinda Matto, M Scorza, los demás indigenistas cusqueños y peruanos.
-Compañera coordinadora pido nuevamente el uso de la palabra.
- Prosiga ud  compañera:
- A todo lo ya expuesto deseo agregar lo siguiente compañeros; es más bien una reflexión   acerca de ciertas publicaciones en las que se enfatiza abiertamente en lo referente a la defensa de lo “Incaico” y el despreciar abierto y directo hacia los llamados “indios” incluso utilizando una frase aberrante: “ Incas si, indios no”, lo que constituye una plena aceptación y hasta cierto orgullo por lo Incaico y gran desprecio por los indios actuales. Una tal historiadora (C. Méndez) escribe afirmando que algunos de los historiadores del siglo XX a los que se suman también muchos peruanos, que se sienten muy orgullosos del pasado incaico, pero nada que ver con los indios de hoy. Otros historiadores del siglo XIX, afirman también que “estos indios son los descendientes degenerados de los incas”, y que como tienen una gran historia pasada, podrían llegar a ser mejores si los regeneramos y los educamos y así los indios serían incorporados a la nación, aunque  en un lugar secundario, como grupos subalternos, como a incapacitados sin iguales condiciones que los blancos y mestizos y que debían ser guiados, asesorados, conducidos, hacia el desarrollo, el progreso, a través de una política educativa eficaz, etc, etc. Qué tales opiniones absurdas y retrógradas, porque los pueblos nativos nuestros, queswas, chancas, qollas y demás, no requieren ser tratados como seres inferiores, como incapaces; porque más bien ellos son los actuales defensores de la Mamapacha, de la naturaleza, del agua, de la vida y ofrecen a valiente desafío su sangre y sus vidas mismas, como fuertes luchadores, hombres y mujeres de arcilla y de piedra, valiosos, tercos, solidarios, comuneros colectivistas, son ellos, los que hasta hoy mantienen sus costumbres, su cultura, su sabiduría, su filosofía , es de ellos de quienes se debe aprender, son los ojos de todo el mundo, es decir de todos los que quieren aun salvar al planeta tierra, que se dirigen hacia la cultura ancestral andina para beber en sus fuentes, para aprender y aplicar una vida distinta que pueda humanizar más al ser humano.
 Compañeros es ahora pues que los Quispe, Huamán, Qori, Sonqo, Willka, etc, etc, no digo retomamos la lucha sino que sigamos luchando como antes, como siempre, que somos forjadores de patria y de futuro, estamos ahora en cualquier campo profesional, pero sin olvidar nunca nuestras raíces, nuestra identidad quechua y andina, que nos sentimos orgullosos del apellido quechua que llevamos como un estandarte forjado en piedra, oro y luz, y que caminamos siempre junto a nuestros hermanos campesinos, labradores, obreros, pobladores, estudiantes y siempre en busca de la verdad, de la justicia y del amor.

jueves, 18 de junio de 2020

La casa de Mama Coca (cuento)



Por: Emperatriz Escalante Gutiérrez

Van la abuela y la nieta, se van por el río en su bonita canoa, les lleva la corriente, ellas van cantando. También canta el río con su numerosa corriente, cantan las ramas, cantan las hojas, cantan los árboles, cantan los pájaros con millones de trinos, cantan los insectos y las flores, toda la naturaleza canta en un inmenso himno a la vida, a la Pachamama, a la Mama Coca.
-          ¿Abuela nos falta mucho todavía? – pregunta la niña.
-          Recién comenzamos nuestro viaje – responde la abuela.
-          ¿Estamos buscando la casa de Mama Coca? – dice otra vez la nieta.
-          Claro que sí – responde la vieja – tenemos que encontrarla, me contaron mis abuelos y los más viejos del pueblo que si seguíamos el camino que nos indiquen los hermanos centinelas, podremos encontrarla. Ellos dicen que está hecha de juncos, palmeras, adornada con orquídeas, enredaderas y miles y miles de flores.
-          Abuela, mi papá me dijo una vez que la Coca fue una planta sagrada en la época de los Inkas.
-          Sí, así fue, la planta de la Coca fue sagrada, en aquellos tiempos antiguos cuando gobernaban los sabios y poderosos Amautas Inkas.
-          ¿Entonces por qué persiguen y castigan a los que cultivan a la Mama Coca?
-          Porque en estos tiempos modernos hombres de muy mal corazón, sacan sustancias peligrosas y prohibidas de las hojas de la coca.
-          Pero las hojas de coca, hijas de la Mama Coca, ¿son buenas, verdad?
-          Claro que sí, querida niña, las hojas de la Coca naturales son curativas y alimenticias porque tienen todo lo necesario para calmar el hambre y para curar, sólo por un pequeño alcaloide del cual sacan una droga, con decirte que de un quintal de hojas de coca sólo extraen un gramo de droga.
-          Mi papá y mi profesora, me han contado acerca de nuestros antepasados Inkas, me dijeron que en esos tiempos no había hambrunas, ni muchas enfermedades, ni injusticias, ni maldad. Quiero que me cuentes abuela, como era el Inka, a veces sueño de que él todavía existe, que está escondido en una misteriosa ciudad perdida hecha de piedras, adornada con oro, plata y piedras preciosas, que algún día él va a volver… pero esto que siento es solo un sueño.
-          El Qapaq Inka, mi bella niña, no fue un humano cualquiera, tenía grandes poderes, descendía de una casta escogida, no fue como los reyes de los países de los blancos tiranos, corruptos, viciosos y más. El Inka era sabio, inteligente, fuerte, sobre todo justo, bondadoso correcto, él se consideraba un padre para sus súbditos, por eso ellos lo veneraban casi como a un semidiós, porque el Inka sentía amor por su pueblo, por sus runas, warmis y wawas, y gobernaba como un patriarca, no como un tirano, no era ladrón, ni asesino; lo contrario de lo que sucedía en aquellos países de hombres blancos que reinaban sus monarcas, con codicia, traición, maldad, injusticia y más, claro que también siempre hay excepciones. Quiero que recuerdes siempre, mi niña, que no hubo ningún otro lugar que yo sepa, en este nuestro querido planeta, en el que un niño o niña que al nacer recibiese un topo o medio topo de tierra para cultivarla, y esto era para los hijos de la clase popular; que además en ningún otro lugar se practicó el Ayni (trabajo recíproco) quizás hubo alguna acción parecida, pero no igual, en la vida de los inkas se descartaba el egoísmo, se perseguía el bien colectivo y se buscaba el “buen vivir”, siempre bajo la dirección de los sabios Amautas, era un pueblo que veneraba el trabajo, amaba a su Mama Pacha, adoraba a su Tayta Inti, a su Tayta Wiraqocha, quería a sus Apus, practicaba la justicia, el bien, el amor, el arte, el respeto, tanto a la naturaleza, como a todos los demás seres vivos, incluso a los insectos, a los animales, a las plantas, etc. Mi linda niña, tú irás aprendiendo y escuchando así como yo lo hice, irás desgranando poco a poco los conocimientos, la sabiduría, la filosofía, la moral, la grandeza que nos dejaron nuestros Tayta Inkas.
Después que aprendas, transmítelo a tus hijos y  nietos, porque quizá pueda ser que aquí esté depositada alguna salvación para que no se extinga la vida en esta nuestra querida Mama Pacha; repite siempre que nuestra filosofía, nuestro ayni, sean exportados hacia todo el mundo. Otra cosa que quiero aclararte mi niña es que para mí el Tawantinsuyo no fue un Imperio como esos otros, sino que fue más bien una gran confederación de naciones con un gran respeto entre ellos en cuanto a sus usos y costumbres.
-          Abuela – recordó la niña – ¿conoces el camino por donde debemos ir?
-          Sólo lo conozco en parte, mi abuela me explicó bien hasta dónde debemos detenernos y bajar, ya hemos navegado dos días, ya estamos por llegar al lugar donde está ese recodo que es especial, allí acampamos porque ya llega la noche; después seguiremos por el bosque, iremos preguntando.
-          ¿A quiénes abuela, hay gente por allí?
-          Quizá no, pero están siempre nuestros hermanos menores los animalitos del bosque.
Llegaron al recodo del río, que la abuela reconoció y acamparon en el hueco de un inmenso árbol, al día siguiente continuaron su camino casi a tientas, y con los primeros que se encontraron fueron con 3 osos negros, que les preguntaron:
-          ¿Quiénes son ustedes, a dónde creen que van?
-          Yo me llamo Sulla, soy curandera, ella es mi nieta, se llama Illari, le decimos Illa, caminamos buscando la casa de Mama Coca, ayúdennos a encontrar el camino.
-          Nosotros somos los primeros guardianes y no dejamos pasar a nadie, fuera de aquí, regresen por donde vinieron.
-          No vamos a volver, hemos sido elegidas para llevar esta prenda a Mama Coca.
Luego de decir eso la abuela abrió la cesta que llevaba con la prenda y salió una luz verde enceguecedora, también un fuerte sonido de muchas voces, al ver eso los osos deslumbrados le dijeron a la vieja:
-          Está bien abuela puedes pasar, nosotros te guiaremos una parte del camino, pero quizá ya no encuentres la casa que buscas.
Los osos fueron por delante abriendo camino, cuando llegaron a cierto lugar dijeron:
-          Hasta aquí nomás vamos nosotros, los cuidantes de este lugar son los otorongos.
Los osos se retiraron corriendo y aparecieron 4 otorongos, que les preguntaron:
-          ¿Quiénes son ustedes y a dónde van?
La abuela Sulla, les dijo quiénes eran y les mostró la ofrenda que llevaban para Mama Coca, entonces 2 de los otorongos empezaron a  guiarles abriendo además el camino, hasta que llegaron a una gran laguna, allí las dejaron y ellos regresaron corriendo y saltando.
Ya el sol se estaba ocultando, entonces decidieron acampar allí, se sentaron, estaban muy cansadas, se dispusieron a comer algo del fiambre que llevaban, que consistía en fruta y sobre todo pancitos y galletas hechas con harina de yuca y harina de coca. Mientras comían, se presentaron ante ellas unas graciosas monas maquisapas, que les dijeron:
-          Ya sabemos quiénes son ustedes, hemos escuchado lo que hablaban con los otorongos y les hemos seguido hasta aquí, seguro que pasarán la noche en este lugar.
Las monas hicieron una especie de cama entre las ramas bajas de un gran árbol, allí se acostaron la abuela y la nieta, siempre acompañadas por las monas. Esa noche llovió pero las viajeras no se mojaron, las monas habían protegido bien los techos con muchas ramas. Al día siguiente, las monas les invitaron plátanos y otras frutas, la abuela a la vez les retribuyó ofreciéndoles galletitas de yuca y coca, luego las monas se despidieron y se fueron saltando por las ramas y chillando alegres. Mientras despertaba el bosque entre vaporosas brumas, intensos perfumes, y miles y miles de trinos.
Al quedarse solas, ya sin las monas, la niña dijo:
-          ¿Cómo vamos a pasar esta laguna?, no veo ninguna canoa por aquí cerca.
La laguna era  grande, brillaba como si fuera una hermosa charola de plata bruñida y reflejaba los primeros dorados y marcados rayos del Tayta Inti, se sentaron un tanto desalentadas sin saber qué hacer, cuando de repente se sintió un rebullido en las aguas y aparecieron dos grandes hermosas tortugas, una de ellas les habló:
-          ¿Quiénes son ustedes, a dónde van?
La abuela les explicó quiénes eran, que buscaban la casa de Mama Coca, que le llevaban una ofrenda, les mostró la ofrenda. Las tortugas les ofrecieron hacerles cruzar el lago, les hicieron subir a sus espaldas de cada una; luego las transportaron hasta el otro lado de las aguas que seguían reverberando con reflejos multicolores, navegando sin mucho apuro. Al llegar a la otra orilla, abuela y nieta se bajaron de las tortugas, éstas se despidieron de ellas y se hundieron en las ondas verdi azules. Mientras exploraban por dónde continuar su camino se les aparecieron 2 grandes y bellas boas de piel brillante y tatuada con figuras geométricas de colores oscuros, les preguntaron como siempre:
-          ¿Quiénes son ustedes, a dónde van?
La abuela Sulla explicó quiénes eran, que van a la casa de Mama Coca y les mostró la ofrenda que llevaban, una de las boas les dijo:
-          Aún falta un buen trecho que caminar pero nosotras vamos a llevarlas.
Luego de una larga caminata por entre un follaje, lleno de árboles, flores, enredaderas y aves cantoras, llegaron a una entrada en la que se veía una inmensa puerta que estaba entre abierta, la boa dijo:
-          Por fin llegamos a la que fue la casa de Mama Coca, miren, ahora está así abandonada porque Mama Coca ya no está, pero a pesar de eso nosotras la seguimos cuidando aunque no sabemos hasta cuándo.
Dicho esto  las boas se fueron.
La abuela y la niña pasaron por la puerta y penetraron en un gran salón que más parecía solo un espacio abierto, con paredes semi destruidas hechas con troncos de junco y palmeras, adornadas con orquídeas y enredaderas, el piso estaba cubierto de hojas y miles de bellas mariposas multicolores revoloteaban por todo lado. La abuela preguntó:
-          ¿Hay alguien aquí?
Nadie contestó, pero aparecieron del fondo unos guacamayos, otros gallitos de las rocas y unos colibrís, los que contestaron en coro:
-          Sólo estamos nosotros, ¿a quién buscan?
-          A Mama Coca – dijeron ellas.
-          Ella no está aquí, se fue huyendo porque bestias muy malas la calumniaron, la persiguieron, tuvo que huir. Allá atrás solo están muy pocas de sus hijas que también ya están huyendo hacia lo más profundo de las montañas.
La abuela comentó de que habían llegado hasta ahí llevando una ofrenda para Mama Coca, mostró la mencionada ofrenda.
Los guacamayos dijeron:
-          No sabemos si podrán  dejar o no esa ofrenda pero ustedes tendrán que decidir.
-          Siempre la vamos a dejar, ya no podemos devolverla, fuimos elegidas por nuestros hermanos del ayllu y también por nuestros hermanos animalitos y plantas para traer  esta ofrenda – explicó la abuela.
-          Si es así – dijeron los gallitos – podrán dejar su ofrenda allá al fondo donde hay un pequeño altar donde se ponían las ofrendas.
Entraron hacia el lugar que les indicaron, era un pequeño cuarto en el que se veía un altarcito hecho de piedra, al pie de él había un hoyo no muy profundo, allí colocaron la ofrenda, luego la taparon con ramas y flores, mientras la abuela decía:
-          Aquí te dejo esta ofrenda querida Mama Coca, como agradecimiento por todo lo que nos das, alimento, medicina, fuerza y compañía; muchísimas gracias Mamita linda y amada, nos la han enviado todos nuestros hermanos hombres, animales, insectos, plantas, flores y otros más. No hemos podido encontrarte pero sé que Mama Pacha te hará llegar nuestra pequeña ofrenda, hasta donde estés, gracias Mama Coca, gracias.
-          ¿Qué contiene esa ofrenda? – preguntaron  los gallitos.
-          En esta ofrenda colocaron gotas de la esencia de la sabia de árboles y plantas, esencia del perfume de las flores, algunas de las más bellas plumas de las aves, la rica miel de las abejas, representando a los insectos, luego algunos mechones de los pelos de los mamíferos, pedacitos de piel de los reptiles y peces, un poco espuma del río, gotas de lluvia, los niños depositaron un hermoso himno con sus frescas y hermosas voces, encerrado en una ocarina, los hombres enviaron 2 piedras preciosas muy brillantes, las sacaron de una misteriosa y bellísima cueva, la luz intensa que sale de la ofrenda proviene de esas piedras.
La abuela y la nieta tuvieron que quedarse a dormir allí porque ya llegaba la noche y se anunciaba una gran tormenta; comieron sus últimos pancitos de coca que tenían y se acurrucaron al lado del altarcito, porque allí aun había un poco de techo que las protegía, al día siguiente volverían. Cuando todo ya estaba oscuro sintieron la presencia de unas figuras que parecían el reflejo de luces a través de los troncos de las paredes y escucharon, un coro de voces, luego una sola voz fuerte les habló:
-          Soy una de las hijas de Mama Coca, ya nos estamos yendo, queríamos despedirnos de ustedes, queremos que recuerden siempre que las queremos, que las acompañamos en todo momento. Quiero decirles que en este nuestro país, que también hay varias naciones, que algunas de ellas sobre todo las que están cerca del mar y más al norte, incluyendo las grandes ciudades, son como terribles laberintos donde viven seres humanos desgraciados, automatizados, existiendo siempre con los ojos y la mente vuelta hacia otros países de occidente, y que imitan ciegamente todo lo que hacen y cómo viven dichos países, es como si fueran extranjeros en su propia tierra, son alienadas, colonialistas mentales, todo lo que viene de fuera para ellos es lo mejor, desprecian lo que es originario, auténtico, nacional, tanto en costumbres, formas de vida y cultura folklórica. Muchos de ellos, hablo de los habitantes de esas grandes urbes, quizá con excepciones aunque sólo de pequeños grupos; los humanos alienados creen amar a su patria, pero no es así, ellos no tienen ni Dios, ni patria, ni familia; sólo tienen un motivo de adoración que es el dinero, por él mienten, traicionan, roban, hieren, matan. Pero felizmente hay otro grupo de naciones que viven paralelamente en las serranías, en las montañas, en los pueblos pequeños alejados de las grandes ciudades, que viven de acuerdo a las creencias del pasado incaico, que adoran a Mama Pacha, a Tayta Inti, a Illa Wiraqocha, a los  Apus; que se sienten parte de la naturaleza y no como los otros que se creen amos de todo lo que les rodea. Que viven en comunidades colectivistas, que practican el Ayni, el trueque, la reciprocidad, los más grandes valores, que hablan el maravilloso Quechua, el Aymara y otras lenguas más.
Luego la hija de Mama Coca les dio unos pancitos hechos con harina de yuca, plátano y coca. También les entregaron un palo de chonta que llevaba un Coca K’intu en su parte más alta, para que les guiara en su camino de regreso. Antes de marcharse las hijas de Mama Coca, en coro les recalcaron:
-          No se olviden en enseñar a todos los que puedan que con la harina de Coca se pueden preparar muchos buenos alimentos, mezclándola con otras harinas, también con frutas y yerbas. No se olviden también de combatir siempre esos hombres bestias que hacen mal uso de nuestra Mama Coca.
Finalmente se despidieron y se fueron, la abuela y la niña se quedaron muy emocionadas con el corazón apretujado por sentimientos entre dulces y amargos. Comenzó la lluvia, que caía a torrentes como si fuera un tremendo llanto de la naturaleza toda. Cuando amainó la tormenta y solo caía una suave llovizna, abuela y nieta entonaron una canción para Mama Coca:

Te cantamos Mama Coca
con la tremenda fuerza del viento
con el furor de la tormenta
con el estallido del rayo
sobre los riscos de las cumbres
nevadas en las cordilleras…
con el rugido de las fieras montañosas,
 con el bramido de miles y miles de gritos
que se elevan por encima de los bosques,
quebradas, selvas, montes,
ríos, lagos y los nevados.
Porque nuestro canto que es de gratitud
 también es de rebeldía
porque nuestros corazones
 son como volcanes que arden
por la indignación y el dolor
por la forma como te tratan
bendita y querida Mama Coca,
por eso alzamos nuestras voces
nos ponemos de pie con los puños
en alto marchamos, protestamos,
pero sí con la esperanza
de que algún día podrás ser libre
otra vez, sagrada, otra vez
madre, amiga, curandera
y también nosotros seremos libres
en una nueva nación, con luz
justicia, paz y amor.

miércoles, 27 de mayo de 2020

Sal de casa (un cuento para un presente distópico)


No recuerdo si ayer amaneció con la misma lluvia, esas lluvias que no son ni suaves ni fuertes, que golpean la ventana moderadamente, el único ruido que se puede escuchar en este barrio. No recuerdo si ayer fue igual, la monotonía de los días hace que los confunda. Ya son cuatro meses de cuarentena, el gobierno dice que esta vez será menor, que el tiempo cerrado pasará pronto.
En nuestra vida existen sólo dos tiempos. Uno abierto, en el que podemos salir y recorrer barrios y poblados diferentes, en el que podemos visitar y compartir espacio real con nuestros semejantes. Sin dejar las máscaras y respetando la distancia, a menos que el día tenga luz verde y podamos contemplar la sonrisa de quien queremos, y que podamos reunirnos en una casa a celebrar la vida tal como era antes de la pandemia.
Luego viene el tiempo cerrado, un nuevo brote en cualquier lugar del mundo activa la alerta roja, el gobierno mundial invoca el tiempo cerrado y todos a recluirnos a nuestras casas. Allí vivimos conectados a las redes virtuales, que es el único lugar donde ahora trabajamos. Los sistemas de abastecimiento se han perfeccionado este año, el gran dador de comida suministra todos los espacios, le llamamos Papa Noel en recuerdo a una antigua creencia. El gran dador es un consorcio público-privado global, el único con autorización para comerciar alimentos.
Un lejano recuerdo de infancia vuelve a mis sueños de vez en cuando, un campo agrícola y nosotros corriendo descalzos por el campo, pequeños y frágiles, a  merced del mundo todo. Antes de que los virus y los miedos inundaran el planeta y pusieran todo bajo control del gobierno global.
Hoy no podría recorrer esos campos, están infestados de animales salvajes que podrían transmitirme un virus desconocido. Después de todo, dicen que así se inició este nuevo tiempo. Algunos niños me preguntan a veces si todo lo que les cuento no son simples relatos míos, si realmente hubo un mundo libre antes de que ellos nacieran. No estoy seguro de que lo haya habido, pero al menos, con libertades restringidas y todo, era un mundo en el que podíamos respirar la naturaleza, con todos sus peligros y sus regalos.
Un mensaje nuevo. Es ella nuevamente, ya son varios días que se repite el mensaje y la voz robótica detrás de la máscara insiste: “sal de casa. Libérate”. El gobierno nacional dice que ya ha rastreado la pista de estos mensajes, que tiene ubicado al responsable. Pero son varios días y no lo atrapan. No sé qué tan bien funcionen los sistemas de rastreo sincronizado, pero yo siento que él es un ella, si desde eso comienzan mal, entiendo por qué aún no la atrapan.
Recuerdo que en un país al otro lado del mundo se dio un caso similar hace poco, un grupo anarquista convocó a una revuelta que consistía en salir de casa y adentrarse en el campo, llevando sólo cosas necesarias. El ejército fue a impedirlo y corrió la noticia de que fueron exterminados por resistir a la autoridad. Sin embargo, ha circulado el rumor de que lograron fugar y viven ocultos en lo profundo de un bosque.
Los mensajes empezaron a llegar a la semana. No hay relación entre un caso y otro. Pero yo siento en ellos cierta familiaridad, como si pudiese reconocer a quien aparece en el mensaje. Recuerdo que hubo un tiempo en el que nos burlábamos de la posibilidad de que toda la vida llegase a ser controlada digitalmente, recuerdo a una jovencita insistiendo en eso y en la necesidad de prepararnos antes de que sucediera. Mi corazón piensa que es ella la de los mensajes, pero mi cerebro sabe que aquella falleció en una de las primeras epidemias.
Nuevo mensaje. “Es ahora”, dice, y siento nuevamente un combinado de recuerdos. Hace algunos años mi hijo me dijo que deseaba rebelarse y salir al mundo externo. Era aún pequeño, sonaba a ocurrencia infantil. Hasta que una de las epidemias se lo llevó junto a toda la familia. Quedé solo y me especialicé en la vida animal, la que estudié desde los más modernos elementos tecnológicos, que permiten observar especies sin necesidad de tenerlas cerca. Entonces dudo, ¿por qué no?, ya estoy viejo, morir pronto no haría la diferencia en mi caso.
Entonces tomo una decisión alocada por primera vez en mi vida y salgo a la calle en pleno tiempo cerrado. Está atardeciendo, oigo el sonido lejano de algún destacamento militar. Camino lentamente cruzando el barrio, avanzo rumbo a lo que alguna vez fue un parque anexo de la ciudad, que ahora está cercado para evitar el ingreso de las fieras.
Noto que somos varias personas las que hemos llegado al lugar. Un jovencito se quita la máscara y respira profundo. “Es ahora” dice, y saca de sus bolsillos una herramienta que desconozco, corta la reja e ingresa al bosque. La gente titubea en seguirlo, alguien grita “saqueo” señalando un almacén cercano. “No”, replica una señora que debe tener mi misma edad, “sería ir a la mira de los cañones”. Y los cañones ya se han ubicado en la fachada del comercio, poniéndonos en su mira. Antes de oír los gritos de advertencia, ya estamos dentro del bosque, sentimos ráfagas de tiros cayendo cercanas, destrozando los tupidos árboles que cruzáramos hace poco.
Entonces oigo la voz de ella. “Aquí empieza nuevamente la historia”, dice, con esa voz robótica que sale de alguno de nuestros dispositivos. No sé a dónde vamos, no sé si estamos preparados para sobrevivir a los animales que nos topemos, no sé si lograré reconocerlos a pesar de mis lecciones cibernéticas sobre variedad de especies. “Por eso estás acá”, me dice el joven sin máscara. Entiendo que me llamaron por mi experiencia en reconocimiento de especies de la zona, aunque esa habilidad la haya desarrollado sólo teóricamente.
El dispositivo de la señora recibe noticias, la ciudad se ve devastada por una ola de saqueos, hay intervención militar armada por todos lados. Se escucha una voz que dice “el gobierno espera tener controlada la ciudad en 4 horas, no recurrirá a apoyos del ejército mundial, pero fuentes extraoficiales indican que ya se vienen desplegando destacamentos internacionales que esperan llegar en menos de una hora”.
“Sabíamos que pasaría” dice una joven, “no podíamos evitar que sucediera. La gente está cansada”. Y mientras anochece, proseguimos nuestra marcha al rumbo desconocido que la voz rebelde ha indicado. No sé si estaremos seguros o si alguna enfermedad nos aniquilará, pero alguien tenía que hacer este intento. No podemos seguir viviendo cerrados.

Roberto Ojeda Escalante

domingo, 17 de mayo de 2020

Sin agricultores no resistimos


Hasta antes de esta cuarentena, por hace casi 8 años la mayoría de los alimentos que llegaban a casa eran de pequeños agricultores que cultivaban natural, hemos compartido diversas historias con ellas y ellos. Con la cuarentena, ante la falta de transporte privado y por acuerdo con sus comunidades, varios de ell@s decidieron no salir y cerrarse dentro de la comunidad, guardar sus alimentos (pues podían secarlos o guardarlos por algún tiempo) y así puedan seguir haciendo sus actividades cotidianas sean de la chacra, crianza de animales, etc., y sin estar expuestos a riesgos de enfermarse.
Cuando me enteré de esta decisión en un principio me extrañó, con los días fui entendiendo y ahora aún más, que si los sistemas de salud colapsan en las ciudades, que se suponen están mejor implementadas, en las zonas rurales la historia es mucho peor porque no cuentan con suficiente personal, ni medicinas, las comunidades están bastante distanciadas y con caminos bastante accidentados para evacuar o atender pacientes de emergencia, y varias razones que te hacen pensar que realmente fue la mejor decisión.
Supongo que ellas y ellos, están mucho mejor que muchas personas en la ciudad, porque comida no les falta, siguen realizando sus actividades, así que tiempo tampoco les sobra. Es más se deben estar dando cuenta que el azúcar, el fideo y el arroz no eran necesarios (bueno, eso es lo que espero).
Y en casa al ver que las temporadas de cuarentena se alargaban, y nuestras caseras y caseros no llegarían, decidimos comprar algunos alimentos que ya nos estaban faltando, siempre intentando buscar que sean de agricultores, ya no sabíamos si eran naturales pero al menos le comprábamos a alguien de forma directa. De las pocas cosas que compramos, nos resultó imposible no compararlas con el sabor y textura de los alimentos que adquiríamos de productores naturales. Y sí, realmente lo natural no sólo era más sano por no tener químicos sino también sabroso en su esencia (pues no requiere tanto condimento o adicionales y se puede comer puro), y por si fuera poco no está dañando a la tierra ni a otros seres, al contrario son alimentos que siguen conviviendo con la naturaleza.
Supongo que por esa y otras razones, con otras compañeras nos animamos a armar una red de productores naturales que puedan llegar a nuestras zonas, de a pocos estamos conociendo más agricultores y pecuarios, hemos encontrado alimentos sumamente buenos; pero básicamente son las y los productores que cuentan con movilidad propia y medios que les faciliten obtener los permisos correspondientes para transitar en Cusco y por supuesto cuidarse de cualquier contagio.
Pero vuelvo nuevamente a las y los compañer@s que han decidido no salir de sus comunidades. ¿Qué tanto realmente hemos valorado la comida que nos estaban brindando? ¿Qué tanto hemos pagado lo justo por todo su esfuerzo para cultivar por meses de forma natural y encima traerlos a Cusco en condiciones muchas veces bastante incomodas e inseguras para ell@s? ¿Qué tanto los cuidamos para que puedan seguir dándonos vida a través de sus alimentos?
Y si nos ponemos en una situación hipotética, que ell@s ante tantos años de olvido, de menosprecio, de desvalorización a su labor, decidieran sólo producir para su consumo y no vender ningún alimento. Y claro que lo podrían hacer pues viven en territorios comunales que tienen su propia jurisdicción y legalidad, nadie los podría obligar.  ¿Qué pasaría con nosotros? ¿Nos abastecería la agroindustria, muchas veces llena de agrotóxicos, y los alimentos procesados con insumos importados y aditivos químicos?, ¿nos alimentarían de verdad?
La verdad no creo que eso pase, y espero que no. Pero lo planteo porque realmente no estamos valorando lo que nos han dado por años y años.
En estos momentos a esas comunidades deberían ir camiones del gobierno con todas las medidas de seguridad para comprarles sus alimentos al precio real y justo (no mal baratado) y distribuirlos o venderlos en las ciudades, y así también motivarlos a que sigan trabajando para que tengamos más comida los próximos meses. Debemos entender que la buena comida no sale de un día para otro, son meses de cultivo y hasta 1 año, como en el caso del tarwi para poner un ejemplo.
Por supuesto que están alternativas como los mercados móviles o itinerantes desde algunos ámbitos del gobierno que son muy buenas, pero no podrían llegar a tod@s y aún más cuando vari@s han decidido no salir de sus zonas.
Y nosotros como consumidores, desde abajo, también nos toca reaprender nuevas formas para abastecernos y no exponerl@s, que más bien los cuiden y valoren, pues los necesitamos para seguir resistiendo y viviendo. No podemos pedir que vengan todos los días porque se estarían exponiendo demasiado, más bien organicémonos para juntar pedidos y que vengan una vez a la semana, o una sola vez al mes, dependiendo de los alimentos que tengan. Aprendamos a abastecernos como lo hubieran hechos nuestr@s antepasados, adaptemos nuestras dietas a las y los alimentos de temporada, a lo que ell@s producen. En lugar de seguir comprando arroz y azúcar al supermercado, que en varios casos vienen de deforestación de la Amazonía o de monopolios que explotan a sus trabajadores, compremos papa que ahorita es su temporada, para poner tan sólo un ejemplo.
Si empezamos a pensar así no sólo estamos ayudando a una persona, sino que nos estamos ayudando tod@s los seres humanos y no humanos, y estamos aprendiendo a volver a convivir con la naturaleza.

Claudia Palomino Valdivia